miércoles, 25 de junio de 2014

CONFLICTOS DE UN HINCHA EN MEDIO DEL MUNDIAL.

Cómo me gustaría devolver los años que hicieron de los domingos de fútbol con mi papá un lindo recuerdo. Sobreviven los domingos, sobreviven los partidos, pero ya ahora entiendo el misterio oculto detrás de la camiseta roja que sólo parecíamos tener yo, mi papá y 11 jugadores más en la televisión. Se ha roto ese pacto de preguntas tontas y explicaciones rápidas, de censura ante palabras que ahora yo también digo, de extrañeza ante esos pocos momentos del año en que a ese hombre tan sonriente se le enrojecían los ojos. Se ha roto esa fantasía que me hacía creer que el juego se quedaba en la pantalla, haciéndose con el prender o apagar del control. Sí, así como el Ratón Perez o Santa-¿Santa? ¡El Niño Dios carajo!-, el fútbol me dio otra razón para entender el desencanto de crecer. Es un absoluto descaro decir un "amo el fútbol", pues deben entenderse paralelo al juego lleno de pasiones, la corrupción y la violencia. Por eso ahora, sudando la camiseta de una Colombia que me enseña a quedarme ronca con cada actuación, afirmo sin duda alguna que lo único que me gusta de este deporte son los 90 minutos.


Como si fuera una excusa de mi conciencia, un perdón para la sociedad, hago una lista mental cada día de los beneficios y bondades de un deporte, que a diferencia de otro en boga como el ciclismo, causa por las mismas emociones que dice enaltecer y hacer parte de su esencia, centenares de accidentes, heridos, muertos, rivalidades, irrespetos, odios, y se convierte en una de las múltiples herramientas para acrecentar las brechas sociales por el inexplicable despilfarro de dinero.  La lista siempre llega a las mismas conclusiones. Sentimentales, principalmente, como cuando el grito de gol recorre las profundidades de mi ser llevándose con él las frustraciones y los miedos y limpiando, cual rito espiritista, cualquier pelea que haya tenido la mañana del partido o cualquier problema en las clases. Momento eterno en donde el ahogo no ahoga sino que llena de más vida. También como cuando veo en los jugadores lo mejor del país: tanto carisma, tanto entusiasmo, tantas ganas de salir adelante, de hacerlo efectivamente; racionales, si es que cabe tal distinción, como cuando juego a ser técnico y entiendo que un partido se gana también desde el pensamiento, o como cuando recurro a los impactos sociales que una buena participación en el deporte puedo generar. Quizás es algo más elemental, menos complejo, el único beneficio del fútbol, sigo repitiendo, son 90 minutos.

El Mundial me confronta a las realidades más difíciles de manejar: el patriotismo barato, la vanidad del hincha, el ruido en exceso, los nervios de punta, el eclipse ante cualquier otro escenario de la vida cotidiana, el derrame de menciones rebuscadas para referirse a Brasil, el trago, la parranda, la notable corrupción que organizo el evento,  y como si este festival de ignorancia y locura no terminare de enrollarse en su propio desorden, la muerte se pasea y hace mofa de mi grito sagrado de gol, cambiándolo rápidamente por un grito desesperado de guerra.  Y yo... estoy feliz. Patéticamente feliz. Con una diversión como pocas, porque en los 90 minutos que dura el partido-al menos que un árbitro desee recuperar un resultado- sólo pienso en que "si la hubiera tocado de primera", en "lo endeble del mediocampo", en "el tronco de la defensa", en "el arquerazo que tenemos", en "ese golazo que me regalaron", sí a mi, porque sin ningún artilugio trascendental, en 90 minutos el fútbol me regala de forma casi fortuita, un esbozo de felicidad duradero, tan difícil de conseguir, tan duro de preservar, sobreviviente incluso de las pérdidas en los clásicos y las peores goleadas.


Renunció a cualquier actividad relacionada con el fútbol que se de fuera de las canchas. Al pre y post alboroto. Llevo puesta la camiseta todo el día pero sólo la uso cuando pita el juez central. No dejo que la emoción se suba a cualquier otro órgano que no sean mis ojos, ni a mi boca, ni a mis manos. Que el embeleso de alegría desbordante al cual no parecemos estar ni listos ni acostumbrados, sea un elemento exterior al fútbol, y que de hecho el fútbol no sea lo que parece ser: una excusa. Renuncio a la responsabilidad de amar al fútbol para asumir la ligereza de "amo 90 minutos de fútbol." La razón: no entiendo cómo une y desune, cómo puede causar reacciones tan opuestas y tan exageradas, cómo puede ser cuna de tan desigual prospecto de hinchas. ¿Es algo consustancial al deporte? ¿Es algo consustancial al hombre? ¿En qué momento pasamos a las reflexiones de este carácter filosófico? De nuevo, efecto colateral de crecer.


Si el fútbol tuviera una melena esponjosa y pudiera caminar en sus dos largas piernas- descripción poco inglesa por cierto- yo misma le preguntaría qué quiere de mí, qué espera de todos los que decimos seguirle, pero como es otro imperfecto producto humano, controlado y admirado, de hecho, por millones de humanos más, es necesario asumir con él los mismos riesgos que se cobren cuando te enamoras de alguien: el continuo tránsito de promesas y acuerdos entre lo que quieren de ti y lo que quieres tú. Luego está esa culpa, esa pregunta que recorre los bordados de mi almohada, ¿al gustarme el fútbol soy cómplice de lo que gira, tanto bueno como malo, alrededor de su órbita? Luego prendo la tele y veo la repetición de uno de los goles de la selección y su consecuente celebración. Sonrío. Eso sí es Colombia: un puñado de esfuerzo y alegría combinados en la merecida mezcla del sueño por crecer y ser felices. 

Me aferro a la denuncia desde el interior del gusto que entiende lo que pasa por un partido pero sencillamente no lo acepta. Me aferro a la creencia de que una perdida en el deporte es una derrota en el corazón pero nunca debe serlo para la sociedad en desmanes y delicuencia. Yo sólo quiero ser cómplice de ese baile. Quiero ser cómplice de esas lágrimas del "nosotros  podemos", "nosotros pudimos". Es mi último punto de discusión: el fútbol es el eterno contrapunteo entre lo que ocurre 90 maravillosos minutos que apoyo y defiendo, y los otros 1350 minutos del día que apoyaré y defenderé siempre que se correspondan con los sentimientos que inspiran a millones a volcarse a esos 90, sentimientos que una vez me enseñó mi padre y que se guardaron en mi ser hacia la época en que aún no podía entender, pero que incluso ahora no entiendo.



lunes, 23 de junio de 2014

El peligro de no pensar como se piensa que se piensa...

Cuando la locura se topó con la crueldad del manicomio | PlayGround | Actualidad Musical
He encontrado esta increíble oportunidad, a propósito del Mundial, para aprender, de forma casi abrupta, una básica pronunciación a caracteres extranjeros contenidos en los nombres de los jugadores. Esta hermosura de nombre (Bastian SCHWEINSTEIGER) ya no es código cifrado. Digamos todos "Bástian Sváin-stáiga"

LO INTRADUCIBLE...

EL CINE HA MUERTO... DE NUEVO

Estos directores no solo cuestionan la forma de hacer cine actualmente, también como el espectador prefiere, antes que una sala, ver películas en Internet.

LA VICTORIA DE LOS ARGUMENTOS


Para nadie es un secreto que la victoria y posterior reelección de Santos fueron más una derrota al Uribismo que una confirmación a lo hecho por la Alianza Nacional. No hay necesidad de excusarse: la opción era clara y planteada desde el comienzo. A toda costa había que evitar una prolongación, totalmente inconveniente para el país, de un poder podrido por la corrupción, el juego sucio y la violencia. Hay, sin embargo, un aspecto político y social que resaltar de la campaña que llevó al-por poco negativo- resultado: las herramientas de la "alianza nacional" para apoyar a la otra Alianza son las claves para el desarrollo futuro del país en los importantes cuatro años que se nos vienen.

¿Cómo un férreo consenso que apoyaba, y que de hecho le permitió a Zuluaga ganar en la primera vuelta se vio disminuido consustancialmente la última semana antes del 15? Dos factores que se acentuaron en toda la segunda vuelta llevaron a su punto máximo de expresión precisamente en los días más decisivos de la campaña: el pensamiento y la denuncia. El primero representado en la adhesión - de nuevo alianza- de los intelectuales y políticos más importantes en la historia de Colombia a la campaña por la paz. De la mano de Cesar Gaviria, Mockus y Clara Lopez, cuánta popularidad, pero ante todo, cuánta solvencia ganó el proyecto de Estado. Cuánto ayudo también la exposición constante de todos los procesos que persiguen y acusan al jefe-dueño del Centro Democrático, desde el vídeo del hacker hasta el del consejal terminaron de mostrar la realidad política que pretendían imponer en el país. Se levantaron así ante la bulla, la acusación y la pelea, los argumentos y el buen sentido dieron un fuerte contraataque. 

Si el miedo a Uribe fue tan poderoso como para considerar su victoria la ruina, el fondo y la perdición; como para sacar lo mejor del arsenal del país en cuanto a ideas y soluciones, ¿no debe ser este mismo guión el que imperé en el futuro? ¿No debe ser el pensamiento crítico el que determine no sólo como acabar la violencia, sino también el hambre, la enfermedad y la injusticia? A punta de pensar y denunciar, el país puede salir victorioso de nuevo ante el fondo de miseria en el que lleva unos años inserto. ¡También hay que reaccionar ante este abismo! Quizás en estas inéditas líneas de acción el gobierno pueda ganar de forma total en el país- porque a la paz hay que construirle escenario- y ante todo a los casi 7 millones de colombianos que aún se decantan por la pelea, la alzada de voz y el atropello como mecanismo de actuar y de ser.

¡HILARANTE!

en estas historias artísticas, 500 años de las mujeres ignorando a los hombres...

LOS QUE NO PODEMOS VOTAR

JUNIO


Si por algunas incidencias en el calendario hubiese superado los 365 días que me hacen tan lejano el 15 de junio, votaría. Sí, sólo eso. He descubierto antes de la primera vuelta, pero más aún en estos congestionados días políticos que la única y verdadera voz de protesta, el único poder que no nos han quitado y ante todo, la única muestra de algo que parece escaso en las decisiones de los gobiernos, la coherencia, es el voto. 
La indiferencia es inútil, así que la alternativa de aislamiento por el mundial deja de ser una opción. El verdadero obstáculo para el momento de seriedad y concentración que exige la próxima decisión del futuro del país es la "batucada" de información, mucho menos que la de los partidos, que ha inundado casi de forma abrupta, y hasta innecesaria, la denuncia, los debates, la opinión, y de hecho, la verdadera realidad que se vive en el país brasilero. Yo ya sé que en Brasil se baila samba. Yo ya sé que el abstencionismo no vale para legitimar...
Parece, sin embargo, que muy poco importa la denuncia y la protesta, opción que también se me ha anulado. No, no es el olvido el problema de este país, es la sordera. Atascadas en, de nuevo, el show mediático quedan las estadísticas, las declaraciones, los incontenibles hechos que demuestran que los mismos que buscan el orden social son precisamente quienes lo violan. Vanos son los intentos de enlistar los desastres de gobiernos anteriores si se entienden precisamente como anteriores y no como desencadenantes de tantos desastres actuales. Yo ya sé que la impunidad es derecho en nuestro país...
¿Qué hay de la alternativa de la "corta expresión", la "corta denuncia"? Poner a cantar al pajarito y mostrar más que caras en el face es mi última opción fallida. Las redes han caído en dos excesos- ¡ciclo vicioso de la libre expresión!- publico lo que pienso con absoluta libertad, a la que después aludo cuando no asumo las consecuencias sociales-pero claro que sociales- de mi publicación. Una nueva forma de evadir el debate: "debatiendo". Los que dicen querer la paz, y los que dicen oponerse a ella, terminan envueltos en la peor de las guerras. Insultos, pasados revueltos, e ignorancia, mucha ignorancia, constituyen los estados y las imágenes de un tiempo para acá. Unido todo esto a los que simplemente no pueden aceptar que se piensa de distintas formas.Yo ya sé que todo lo llevamos al plano de los odios...
No sé si un voto más cuente en las próximas elecciones, pero por más paradójico que suene, cuanto pesa un voto menos. Votaría por Santos por las mismas razones por las que lo hará mayoría, pero de seguro no me sentiría más inteligente, ni más sensata por hacerlo. ¿Cómo puede hacerme más lista cumplir con un deber ciudadano? ¿Cómo aumenta mi sensatez responder a lo evidente? La lucha no es entre facciones y discursos de poder, la lucha el domingo es contra nosotros mismos, nuestro total indiferencia, nuestro fuerte desinterés. Si vamos a construir un país, cualquiera que sea, que sea el de la mayoría. ¡Midamos nuestros intereses! ¡Mostremos desde ahora la vocación social que imperará los próximos años, antes de que se configuren sus consecuencias! El 15 no podré hacer nada más que esperar. No podre actuar en la única acción que cuenta... pensar desde ahora cómo asumir desde mis micros realidades, esa paz de barrio y de escuela, esa injusticia de trato y de palabra, el panorama nacional que se viene y que puede llegar a ser muy duro.

LISTA DE PRIORIDADES

Foto: LISTA DE PRIORIDADES

XX siglos después, cuando el cielo está alambrado totalmente por cables, las personas están definidas por las ondas de radiación que añaden a su cuerpo y cuando en un laboratorio se pueden recrear parcialmente virus, antivirus, y en general cualquier forma de vida, aún existe una fuerte tendencia a escandalizarse por la irreverencia, el desorden y la crítica. ¡Pero qué conservadores seguimos siendo si aún estigmatizamos los tatuajes y consideramos anárquico el reclamo político! ¡Qué pocos hemos avanzado si aún existe un consenso de consejales que consideran que un concierto gratuito de un gran grupo musical es considerado un peligro para la moral del país! Es imposible pensar bajo estos parámetros que degrada más la falta de educación o salud. XX siglos después de canciones, libros y obras pictóricas, el arte se sigue viendo como un peligro que debe ser visto con reticencia. Más que el escándalo que intentó prohibir el concierto de Calle 13 es mucho más escandaloso el silencio de estos mismos consejales ante la clara bajeza de humanidad que implicó el asesinato de Calidoso, muestra pequeña de lo que ocurre a diario en las calles para aquellos que han sido dejados al abandono y a la violencia. 1. Falsa moral, varios puestos más abajo, la muerte de un nadie que a nadie parece afectar.
Algo parecido pasa con la ciudad en estos días en donde XX siglos después las desigualdades y los ejercicios de poder siguen dominando cada aspecto social en cada lugar del país. Que haya una excesiva voluntad de apoyo a un evento que si bien beneficiará  a muchas familias que entrarán en un contacto internacional con el mundo de las embarcaciones, en vez de, por ejemplo, las fiestas de independencia, más nuestras, más identitarias, es sólo una muestra de como el beso forzado de la cultura con el dinero se ha convertido en el proceso de prostitución más promovido en nuestros días. 1. El patrocinio y la publicidad, varios puestos más abajo, los bandos populares estancados en las memorias de tiempos mejores.


XX siglos después, cuando el cielo está alambrado totalmente por cables, las personas están definidas por las ondas de radiación que añaden a su cuerpo y cuando en un laboratorio se pueden recrear parcialmente virus, antivirus, y en general cualquier forma de vida, aún existe una fuerte tendencia a escandalizarse por la irreverencia, el desorden y la crítica. ¡Pero qué conservadores seguimos siendo si aún estigmatizamos los tatuajes y consideramos anárquico el reclamo político! ¡Qué pocos hemos avanzado si aún existe un consenso de consejales que consideran que un concierto gratuito de un gran grupo musical es considerado un peligro para la moral del país! Es imposible pensar bajo estos parámetros que degrada más la falta de educación o salud. XX siglos después de canciones, libros y obras pictóricas, el arte se sigue viendo como un peligro que debe ser visto con reticencia. Más que el escándalo que intentó prohibir el concierto de Calle 13 es mucho más escandaloso el silencio de estos mismos consejales ante la clara bajeza de humanidad que implicó el asesinato de Calidoso, muestra pequeña de lo que ocurre a diario en las calles para aquellos que han sido dejados al abandono y a la violencia. 1. Falsa moral, varios puestos más abajo, la muerte de un nadie que a nadie parece afectar.
Algo parecido pasa con la ciudad en estos días en donde XX siglos después las desigualdades y los ejercicios de poder siguen dominando cada aspecto social en cada lugar del país. Que haya una excesiva voluntad de apoyo a un evento que si bien beneficiará a muchas familias que entrarán en un contacto internacional con el mundo de las embarcaciones, en vez de, por ejemplo, las fiestas de independencia, más nuestras, más identitarias, es sólo una muestra de como el beso forzado de la cultura con el dinero se ha convertido en el proceso de prostitución más promovido en nuestros días. 1. El patrocinio y la publicidad, varios puestos más abajo, los bandos populares estancados en las memorias de tiempos mejores.

PEDRO PÁRAMO


 Para conmemorar el 25 aniversario de la muerte del escritor mexicano Juan Rulfo, compartimos la conmovedora grabación del escritor leyendo la primera parte de su obra maestra "Pedro Páramo"
Nunca podré olvidar las maravillosas descripciones de ruidos silenciosos y de murmullos que no existen..

Foto: Para conmemorar el 25 aniversario de la muerte del escritor mexicano Juan Rulfo, compartimos la conmovedora grabación del escritor leyendo la primera parte de su obra maestra "Pedro Páramo"Nunca podré olvidar las maravillosas descripciones de ruidos silenciosos y de murmullos que no existen...http://www.revistaarcadia.com/libros/multimedia/juan-rulfo-lee-aparte-pedro-paramo/24138

NEGACIÓN DE LA NEGATIVA




A propósito de la pasada feria del libro en Bogotá muchos debates relacionados con los procesos editoriales y de lectura retomaron su curso y generaron muchas y nuevas opiniones (yo hubiera agregado el ignorado y casi aceptado problema de los precios en el país) Quizás el tema más comentado se corresponde con la negativa de los jóvenes a leer, sobre la cual un importante consenso recriminaba la falta de interés y curiosidad de estudiantes por los libros que acompañan a su haber educativo. El incontenible demonio de la apatía parece ser entonces no sólo la principal causa del pobre número de 2 libros por año que acompaña a los colombianos-más en estas edades- sino que es también un rasgo consustancial a la naturaleza juvenil, que de per se odia tener algo en sus manos que no sea un teclado o un control. No puede haber en mi opinión un cliché con más adeptos que el anterior.

¿Es infundada la repulsión a la lectura por parte de los jóvenes? Seguramente los múltiples best-sellers actuales pueden rebatir lo anterior, pero entonces ¿Es infundada la repulsión por la abstracta categoría de los clásicos? ¿Existe, dentro del desorden emocional de la adolescencia, una hormona que provoque tal rechazo? Tanto el amor como el odio por la literatura, y en general por cualquier forma de arte, son el resultado de múltiples circunstancias más allá del gusto personal. Se cultivan, se cuidan, se desarrollan. ¿Existen ambientes que fomenten la lectura? ¿Profesores, programas educativos, selección correcta de libros? ¿Hay forma alguna de querer al Quijote si debo leerlo por obligación en 11 para responder 3 preguntas de un examen? ¿Se muestra como el libro puede enseñar más sobre la persona y su cultura? Qué hablar del acceso... ¿Es un libro la prioridad en todos los sectores cuando no bajan de 30.000 los precios?

Si los jóvenes son pragmáticos- eso sí- por naturaleza, es más que claro que las circunstancias actuales lo inclinen más hacia otras actividades, pero si los jóvenes también son apasionados por naturaleza, no concibo mejores lectores, de hecho, son los mejores: llevan el libro bajo el brazo a todas partes, duermen con él, se enamoran de sus personajes, intentan imitarlos. Creo entonces que no hay una rechazo directo a leer, hay un rechazo condicionado, que más que negar la negativa, la crea y la legitima.
Su madre, quien no cantaba, se encargó de enseñarle eso de sacarse la rabia. Recuerda Petrona, que estando su madre en “actitud de muerte” ahí en la cama la llamó y le dijo: “Ven acá niña -me cogió la mano- cuando tu tengas rabia por algo, no la guardes, ponte así sea delante de un palo y di esto, esto y esto. Pero no lo guardes porque eso es malo

¿LA SALIDA ES LA GRAMÁTICA?

"Me conmueven los lectores a secas, los que aún se atreven a leer el Diccionario filosófico de Voltaire, que es una de las obras más amenas y modernas que conozco. Me conmueven los jóvenes de hierro que leen a Cortázar y a Parra, tal como los leí yo y como intento seguir leyéndolos. Me conmueven los jóvenes que se duermen con un libro debajo de la cabeza. Un libro es la mejor almohada que existe"

Foto: "Me conmueven los lectores a secas, los que aún se atreven a leer el Diccionario filosófico de Voltaire, que es una de las obras más amenas y modernas que conozco. Me conmueven los jóvenes de hierro que leen a Cortázar y a Parra, tal como los leí yo y como intento seguir leyéndolos. Me conmueven los jóvenes que se duermen con un libro debajo de la cabeza. Un libro es la mejor almohada que existe".
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ECLIPSE ROJO DE LUNA URIBISTA


Foto: ECLIPSE ROJO DE LUNA URIBISTA: FRUSTRACIÓN. 

A menos de 20 días del inicio de la Primera Vuelta, el panorama está claro: la razón por la que estas no serán las elecciones de la salud o la educación es porque más que el destino social del país, están en juego los intereses de una estructura política que tiene en la cúspide al ex-presidente, y ahora congresista, Alvaro Uribe Velez. Las opciones son claras: votar o no votar por Uribe es la pregunta. Este "carácter personal" que ha adoptado la política colombiana en los últimos años no sólo es la base sobre las que reposa el proceso electoral, sino también la causa de que las campañas hayan sido tan pobres, y hayan caído en el reduccionismo de las propagandas publicitarias. No hay debate, no hay claridad en las propuestas, solo una abundancia de expedientes que vinculan a cada candidato con el pasado gobierno de dos períodos. La mano firme del Centro Democrático se sale de la casilla que se le fue asignada y lo toca todo, lo ensucia, lo ciega, lo eclipsa. 

Sólo basta ver el oportuno libro que Vicky Davila ha nombrado de forma inteligente para convertirlo en best-sellers a pocas horas de su lanzamiento: "Enemigos", para entender cómo han sido y serán las dinámicas de un concurso político lleno de acusaciones y nexos con el pasado, más que de ideas y proyectos a futuro. Se mezclan en mi mente las iniciativas de cada candidato no sólo porque no están claras, sino porque simplemente no están: o continúa este gobierno o retornamos al anterior. De nuevo, un tarjetón polarizado por las tímidas pero-para todos reconocidas-fuerzas de apoyo o aposición a un libreto uribista. ¿Hasta cuándo sufriremos el legado de un adicto al poder?

Más que aburridas y confusas, estas elecciones se me hacen frustrantes: Si hay algo que aterre más que nuestra actual realidad es esta realidad con Uribe-o alguno de sus emisarios al poder-o bien habrá quienes piensen que lo peor de esta realidad es precisamente la ausencia en las decisiones del mandatario- si es que en verdad está ausente: nos gusté o no será la democracia la que determiné lo que pasará, pero esta vez son más latentes los límites en las opciones y las restricciones para el cambio. ¿La paz? única bandera política que se alza en contra del pasado de falsa seguridad que tanto dañó al país. Lo que en realidad aterra de una derrota uribista es que la paz no se come, ni se lee, ni paga tratamientos médicos, si no hay un contexto social preparado para su llegada.

28 DE ABRIL 
A menos de 20 días del inicio de la Primera Vuelta, el panorama está claro: la razón por la que estas no serán las elecciones de la salud o la educación es porque más que el destino social del país, están en juego los intereses de una estructura política que tiene en la cúspide al ex-presidente, y ahora congresista, Alvaro Uribe Velez. Las opciones son claras: votar o no votar por Uribe es la pregunta. Este "carácter personal" que ha adoptado la política colombiana en los últimos años no sólo es la base sobre las que reposa el proceso electoral, sino también la causa de que las campañas hayan sido tan pobres, y hayan caído en el reduccionismo de las propagandas publicitarias. No hay debate, no hay claridad en las propuestas, solo una abundancia de expedientes que vinculan a cada candidato con el pasado gobierno de dos períodos. La mano firme del Centro Democrático se sale de la casilla que se le fue asignada y lo toca todo, lo ensucia, lo ciega, lo eclipsa.

Sólo basta ver el oportuno libro que Vicky Davila ha nombrado de forma inteligente para convertirlo en best-sellers a pocas horas de su lanzamiento: "Enemigos", para entender cómo han sido y serán las dinámicas de un concurso político lleno de acusaciones y nexos con el pasado, más que de ideas y proyectos a futuro. Se mezclan en mi mente las iniciativas de cada candidato no sólo porque no están claras, sino porque simplemente no están: o continúa este gobierno o retornamos al anterior. De nuevo, un tarjetón polarizado por las tímidas pero-para todos reconocidas-fuerzas de apoyo o aposición a un libreto uribista. ¿Hasta cuándo sufriremos el legado de un adicto al poder?

Más que aburridas y confusas, estas elecciones se me hacen frustrantes: Si hay algo que aterre más que nuestra actual realidad es esta realidad con Uribe-o alguno de sus emisarios al poder-o bien habrá quienes piensen que lo peor de esta realidad es precisamente la ausencia en las decisiones del mandatario- si es que en verdad está ausente: nos gusté o no será la democracia la que determiné lo que pasará, pero esta vez son más latentes los límites en las opciones y las restricciones para el cambio. ¿La paz? única bandera política que se alza en contra del pasado de falsa seguridad que tanto dañó al país. Lo que en realidad aterra de una derrota uribista es que la paz no se come, ni se lee, ni paga tratamientos médicos, si no hay un contexto social preparado para su llegada.

GABO NO NECESITA HOMENAJES



Foto: GABO NO NECESITA HOMENAJES.

Tengo la leve impresión de que el nobel había muerto hace varias décadas, pues sólo alguien que cuente con la legitimación del recuerdo que regala la tumba, puede ser tan querido y admirado antes de que, precisamente, esta llegara.  Quizás García Márquez murió al mismo tiempo en  que la profecía de Melquíades se llevó a Macondo. Quizás murió el día en que vestido de blanco recogió el premio más recordado para el país. Gabo estaba muerto porque él se auto-incluyó en el selecto grupo de la temprana gracias a sus letras, y no sólo las letras sino también su vida, que agujerearon espacios en la memoria de todo un planeta  para ingresarse en ella y superarla: Gabo estaba en nuestra conciencia, en nuestros huesos. Nací con el nombre del colombiano tatuado en la frente, y junto a mí miles más, e incluso aquellos que volvieron a nacer por leerlo.

 No hay nada de exageración, ni de idolatría, ni de galantería barata.  Sólo Gabo hizo que su muerte nos fuera tan conocida, porque ya habíamos visto cada vídeo y leída cada una de sus frases. Seguidor o no de su literatura o de su periodismo, no necesitábamos una muerte corporal para saber que ha sido-y quizás será- el escritor más importante en la historia del país. No necesitábamos evocar la miseria de sus cenizas para reconocer las injusticias con que se le trataron y se le tratan. Dicho o no,  todos conocíamos a Gabo, ya sea por lo que nos hizo sentir en la intimidad de la lectura o porque lo que nos hicieron sentir en las múltiples imposiciones académicas.  Ni flores, ni parafernalias. La literatura, el arte, la humanidad lo celebró desde siempre. El efímero especial post-vida que colma noticias, y que motivó a esta columna, es solo un desafío más para buscar nuevas formas de agradecer por todo lo que nos dio y nos enseñó. 

Si llegaron hasta acá con la esperanza de un demérito para este personaje, lo siento, porque nos gusté o no, Gabo es uno de los pocos que hace explotar el Twitter en su defensa ante comentarios poco inteligentes que lo asocian con el infierno... ¡Pero si ya lo dejo! Ahora su timidez ante tanto halago merecido descansa en paz.

Tengo la leve impresión de que el nobel había muerto hace varias décadas, pues sólo alguien que cuente con la legitimación del recuerdo que regala la tumba, puede ser tan querido y admirado antes de que, precisamente, esta llegara. Quizás García Márquez murió al mismo tiempo en que la profecía de Melquíades se llevó a Macondo. Quizás murió el día en que vestido de blanco recogió el premio más recordado para el país. Gabo estaba muerto porque él se auto-incluyó en el selecto grupo de la temprana gracias a sus letras, y no sólo las letras sino también su vida, que agujerearon espacios en la memoria de todo un planeta para ingresarse en ella y superarla: Gabo estaba en nuestra conciencia, en nuestros huesos. Nací con el nombre del colombiano tatuado en la frente, y junto a mí miles más, e incluso aquellos que volvieron a nacer por leerlo.


No hay nada de exageración, ni de idolatría, ni de galantería barata. Sólo Gabo hizo que su muerte nos fuera tan conocida, porque ya habíamos visto cada vídeo y leída cada una de sus frases. Seguidor o no de su literatura o de su periodismo, no necesitábamos una muerte corporal para saber que ha sido-y quizás será- el escritor más importante en la historia del país. No necesitábamos evocar la miseria de sus cenizas para reconocer las injusticias con que se le trataron y se le tratan. Dicho o no, todos conocíamos a Gabo, ya sea por lo que nos hizo sentir en la intimidad de la lectura o porque lo que nos hicieron sentir en las múltiples imposiciones académicas. Ni flores, ni parafernalias. La literatura, el arte, la humanidad lo celebró desde siempre. El efímero especial post-vida que colma noticias, y que motivó a esta columna, es solo un desafío más para buscar nuevas formas de agradecer por todo lo que nos dio y nos enseñó. 

Si llegaron hasta acá con la esperanza de un demérito para este personaje, lo siento, porque nos gusté o no, Gabo es uno de los pocos que hace explotar el Twitter en su defensa ante comentarios poco inteligentes que lo asocian con el infierno... ¡Pero si ya lo dejo!

EL DOLOR ANÓNIMO



ABRIL

De más de 900 casos de víctimas afectadas por el absurdo crimen del ácido en los últimos 10 años, sólo se conocen 3 condenas. ¿Cuál es entonces el cambio en el pensamiento que ha ocasionado un nuevo debate en torno a las medidas de prevención y justicia al respecto? Un nombre: Natalia Ponce. Otro nombre: Jonathan Vega. Si el apellido del país es la corrupción, y la corrupción penetra millares de casos penales, e incluso antes, sume los delitos en una mediocridad investigativa, ¿Por qué ahora nos indigna saber como se manejan las relaciones del poder en el país? Un apellido: Colmenares. A pesar de que en múltiples estudios ha sido confirmado que la principal causa de accidentes de tránsito en Colombia no es el alcohol, ¿por qué una agresiva indignación general frente a los borrachos en el volante? Un caso: el joven Salamanca. ¡50 años! ¡Han sido décadas de violencia innombrable entre guerrillas, paramilitares, soldados y civiles...! Colombia necesitaba auto-crearse un símbolo para entenderla: aquella imagen de Ingrid Betancourt arrodillada con el rosario en manos. Colombia necesita auto-recrearse figuras de héroes y villanos a los que amar y odiar.


En medio del cómic creado por una sociedad que cada día está más degradada (ni siquiera en las más descaradas series policíacas he visto la atrocidad del ácido) y masificado y reproducido por los medios de comunicación, viven en silencio las víctimas de quién sabe cuántos atropellos. ¿Por qué esperar entonces a individualizar los casos para actuar? ¿Existe un momento específico para actuar? Si la obsesión de un hombre por su antigua amiga hubiera cesado, y Natalia conservará su salud intacta, ¿seguiríamos tratando este tipo de delitos como una "lesión personal"? ¿Continuaría el vacío en las regulaciones para el mercadeo de los ácidos? Sí y sí. Desde el primer momento de la configuración de nuestro Estado, hemos necesitado la figura del florero de Llorente. 

El crimen en nuestro diario vivir, por esencia, es silencioso. Noto, sin embargo, varias modalidades en ese silencio: "se calla", "lo callan" "nos callamos" Siempre me he asombrado del gran despliegue informativo con cada caso excepcional, y entonces es cuando pienso que la función investigativa y periodística no sólo debería ser actual y contemporánea, sino también pasada, en retrospectiva, y principalmente, preventiva. Hay que contarlo todo ya, para que antes de que empecemos nuevos debates informativos y judiciales, no haya otro nombre de por medio.

LOS ECOS DE PETRO



31 DE MARZO

Una cosa es cierta: se seguirá hablando de la destitución-y lo que en mi opinión es aún más grave- la inhabilitación del ex-alcalde de Bogotá por mucho rato más. No sólo sus discursos serán la causa de los múltiples titulares. Cada vez que se hable de la reestructuración de la capital su nombre surgirá, y, especialmente, cada vez que se recopilen casos en donde la vara de la justicia haya sido aplicada en una total desproporción con esta sentencia, volveremos a hacer resúmenes de su vida política. Cuánto han colaborado las redes en el último caso, en donde, seguidores o no de Petro aún se preguntan las diferencias conceptuales entre la realidad de Samuel Moreno y su tímida condena, y los sonantes 15 años de esta, e igualmente, entre el desastre ambiental del Casanare, y la incógnita que nos surge por sus responsables, frente a tres días sin recolección de basura y el escándalo mediático posterior. 

Personalmente, hay un aspecto que zumba mi cabeza-con todo lo errático de la metáfora- cada vez que estudio el caso Petro, y no es otro que el relacionado con los diálogos de paz realizados en Cuba. Si hay algo más preocupante que su continuidad en escenario de guerra, es la lejana- porque aún se ve lejana- aplicación de la amnistía una vez se hayan firmados. La historia dejaría en ridículo cualquier conversación, y creo que lo sigue haciendo. Muertes hay muchas: Álvaro Garcés Parra, Bernardo Jaramillo Ossa, Carlos Pizarro, Óscar William Calvo, su hermano... ¿Petro? ¿Acaso no hay una clara intención, en medio de este agitado escenario político, de alejar al ex-combatiente de las disputas por el poder en el país? ¿De "matarlo"?
La reinserción, sin duda, es la etapa más complicada de cualquier desmovilización. Se juntan en ella la justicia y el olvido, en una mezcla espesa e indisoluble. Luego está la recuperación de esa vida civil que no sólo depende de las nuevas actitudes del antes guerrillero, y de las garantías que para estas se den, sino también de la aceptación continua de demás ciudadanos. Por último está esa oscura participación política de oposición, que casi nunca se alcanza, porque casi nunca "dejan hacer": o es el gatillo, o es el papel.
Si la paz empezó con una intención estatal de alcanzarla, ¿no debería haber entonces una voluntad política que la refleje? ¿No deberían ser los cargos públicos semilleros de justicia y verdad? A la verdadera violencia que yo le temo, algunos críticos le llaman corrupción.

lunes, 24 de marzo de 2014

¿DE QUÉ ESTÁ PINTADA LA BIENAL?

Presentación sonora.

El peor error que cometí al hacer un recorrido que inició en el Palacio de la Inquisición y terminó en la Presentación, es que creí que me iba a relajar viendo arte. Como si se permitiera el bostezo y el susurro en el pasar parsimonioso entre cuadros, maquetas, videos, basura. Sí, vi muchos intentos de performances inentendibles y de desordenes nada artísticos. He ahí otro error. Como si yo pudiera clasificar según un patrón lo que de por sí quiere salirse de uno. Entonces solo me queda el ahogo, el dolor de cabeza, la horrible sensación de ser burlada.


Curiosamente, cada sede de la bienal respeta un recorrido. Los múltiples servidores naranjas aparecen de la nada para darle lógicas extraordinarias- e inimaginables- a las obras que vemos. En la Inquisición, hay para la exposición todo una salita. Apenas entras, aparecen varios "cuadros" y sonidos. A mi izquierda una reproducción visual de un mismo cuadro unas veinte veces
- Aunque parezcan iguales, cada segmento es diferente... como la humanidad.
¿Cómo la humanidad?
Un pequeño televisor con las últimas frases de gente condenada a muerte. Aún se estrellan en mi mente la sobriedad que se tiene al morir.
¿La muerte?
Me acerco a tres pantallas que parecen mostrar distintos ángulos de un camino (esa es la palabra: parecer) ¿No hace más nada? Pienso irónicamente? Mientras sigo a una motita de polvo que pasa tranquila por todo el cuadro. ¿Un cuadro? ¿No eran tres? ¿Cuadros? Aparecen y desaparecen entre las pantallas personas y autos que transitan a distancias diferentes de la visual. Mareo de gente. Culmina mi mareo con un cuadro que me da asfixia por su tamaño. Esta inocente idea de que la pintura cabe en los tamaños humildes de una hoja de block. El barco que se hunde, más que hundirse, parece estrellarse contra el marco de madera y querer salir de él. Todo quiere salirse. 
Escenario de la presentación sonora de Terry Berkowitz sobre la diáspora de los judíos. 


¿Puedo entrar? En el patio de la izquierda una reproducción de sonidos: la expulsión de los judios en España en el S XV. Lo más poético que encontré en todas las exposiciones. ¿Puedo entrar? Me avisan que me quede en la madera para no mojarme. Sigo en la misma diáspora medieval. La cortina negra solo pone más suspenso a la obra que se instala en una de las fosas del Palacio. Entro. ¿Por qué entré? Empiezo a sudar el espeso miedo que sentía. El sonido del agua correr y estrellarse. ¿Es real esta agua? ¿Es real está luz de intermitente movimiento? La autora ha arruinado mi día al mostrarme las condiciones de ese doloroso viaje. 
Hay mucha más tecnología en el Museo Naval. ¿Quién dice que el arte no puede digitalizarse? Luz que sube y baja cambiando de color, un haz blanco que muestra el polvo que cae en una esquina, documentales para aumentar el dolor de cabeza ¿Quién dice que una historia se cuenta en una sola pantalla? El resto es pura rebeldía.  Poner arte donde tu no crees que hay, para producirte la incertidumbre más aguda de todas: ¿Es o no es? Más básico. ¿Qué es?
En la Presentación hay variedad en cuanto a la forma. Diseños arquitectónicos, una presentación olfativa, maquetas con semillas, pequeñas cerámicas. Mucho reciclaje. Paradójico: tecnología y ecología. 

Solo para quemar las ganas visité un cuartito que queda diagonal a la Universidad de Cartagena. Era tarde. Sentía que los muchachos me sacaban con la mirada. No tuvieron que presionarme mucho. En mi tarde había sentido confusión, miedo, gracia, indignación, pero en el fondo todo me había provocado gusto. No el gusto que esperaba, era más bien un goce por lo raro, por lo terrible, por caótico. Tirados en el suelo de ese lugar habían papeles bonds con retazos de pintura. "Tirado" es una expresión muy amable para la disposición de una obra que parecía incompleta y dañada.  Pensé, en ese momento, que no podía faltar la etiqueta convencional que el arte contemporáneo tenía...
Regresé a casa violada, sacada de mi lugar habitual. No sé si intelectualmente superior, tampoco sé si fue divertido. Lo único que sé y que entiendo es que cualquiera que sea el concepto objetivo de arte contemporáneo, se siente no sólo con los ojos, sino con las manos, la frente, todo el cuerpo, y sólo por eso, por la plenitud que dan los colores y las texturas, repetiría todo el recorrido. 

Una ronda para entender

viernes, 7 de febrero de 2014

EL HOMBRE QUE LOS SACÓ DE LAS BIBLIOTECAS

-Sí. Yo lo conozco, pero es muy escurridizo... como hiperactivo. 
El Sr del apellido impronunciable estaba a mi lado hace unos 20 segundos y ahora ni dividiéndonos Bellas Artes, el periodista y yo lo podemos encontrar. Me rindo al sentirme una carga para ese hombre calvo que amablemente quería presentármelo. Nos conocimos tratando de averiguar si ese hombre de sombrero y barba
s blancas era el hermano de Gabo. No lo era...
Confirmé la imagen mental que de él había hecho cuando lo vi con un saco negro que hacía un contraste casi artístico con sus cabellos rubios: todo un extranjero. Habían pasado 5 horas desde la última vez que lo vi. Ahora cargaba, como si fuera un collar de diversos dijes, todo su equipo fotográfico. La cámara más excéntrica que se seguro he visto, parecía un juguete en sus manos, inmune a la velocidad con la que se movía.  Cambiaba de lente (será eso lo que haría), se agachaba, paraba, interrumpía con su imperiosa figura a algunas personas en busca del mejor ángulo. Pero... ¿Cuál es ese? ¿Cómo captar la esencia de algo tan abstracto como lo amena de una conversación entre escritores? Más aún ¿Cómo captar la extraña relación de complicidad que en esa conversación surgía entre los escritores y su público? Un inesperado corte de luz me permitió que en medio del descanso de Daniel Mordzinski, él mismo me respondiera la original pregunta de ¿Por qué fotografiar escritores?
No. No lo transcribo. Como si fuera el recital de un poema, el argentino afrancesado opone a  susurros desesperado de voces , y al suspiro furioso  del viento, su gruesa voz serena, como de arrullo.

Termina de responderme y siento que no hay en el mundo oficio con más sentido que el suyo... Daniel podría ser perfectamente un personaje de cuento: "Es evidente que si he dedicado mi vida a fotografiar escritores es porque mi gran pasión es la literatura" Me responde de nuevo y siento que no hay en el mundo oficio que más quisiera tener que el de él: no sólo compartir una pasión literaria, sino vivirla con los hacedores mismos de esa vida. Compartir incluso la miopía, porque tras ese ojo creativo está el velo de unos anteojos... (consuelo, esperanza)
"Yo creo que el día que se me apareció el genio y me dijo "tienes un deseo" yo le dije ser el fotógrafo del Hay Festival. No pedí fama, no pedí dinero, no pedí años de vida, y se me cumplió el deseo, y voy donde me llaman. Tengo la gran suerte de que respetan mi trabajo, de que quieren mi trabajo... yo creo, sinceramente, que es el mejor festival literario del mundo."
Pienso en el momento en que Mordzinski decidió dedicarse a seguir a escritores por todo el mundo anteponiéndose a trabajos mucho más comerciales o rentables. Pienso en su famosa foto de Borges, pienso en sus primeras impresiones de Cartagena, pero "el fotográfo de los escritores" recuerda sus compromisos que le llevaron a recibir ese nombre... 
Me deja con el signo de interrogación en los labios, no sin antes regalarme una foto... 
- ¿Qué tan raro es pedir una foto con un fotográfo?
- He hecho cosas más raras... aunque en realidad, prefiero estar al otro lado del lente.
Pone sus manos sobre mi cabeza, mientras yo sonrío, casi ridícula frente a su pose. El mismo genio que le concedió ser fotógrafo del Hay, me concede a mí una foto con él... sin ser escritora, sin ser modelo.  Otra foto sincera que el artista creó. 



lunes, 3 de febrero de 2014

SUBIENDO COCOS PARA SAIA

Para ser un no-lugar tenía luz de más. Las sombras propias del abandono, la suciedad, esa nada, eran cambiadas por esas burlonas manchas que parecen decorarse con las gotas de sudor que poco a poco iban subiendo.  En la mitad de la Matuna unos ilusos intentaban montar en una vacía estación de Transcaribe una exposición fotográfica.

Los cuadros no pesaban. Su peso era el de trato: el lienzo podía lastimarse fácilmente. Saqué rápidamente de un carro mal estacionado todos los que puden. Me aterraba pensar que podía arruinarlos. Las circunstancias eran propicias: una fina capa de polvo que flotaba desde el techo al piso; del piso hacia las paredes. ¿Debería apoyarlas en esa vacilante- ¿qué sería esto en la estación original-puerta?  

- ¡Por ahora déjalas ahí con cuidado! Me saluda una sonrisa gigante tapada por un sombrero con flores: la artista. Me presenta luego a un hombre que maquina un exacto en el fondo de la estación. Yo debo trabajar con él. Ella empieza a abrir los "sobres gigantes" en donde están las fotografías. Sí, entonces eso es sensibilidad.

Este hombre de camiseta roja esta midiendo con un deteriorado metro unas estructuras de madera en forma de prismas apiladas, tiradas, regadas en la estación. Lanzó una pequeña carcajada. Aquí se colgarán los cuadros. No en las paredes, no en sofisticados trípodes como había imaginado. La ausencia de visión corresponde al hecho de que ese suelo era pisado por primera vez después de mucho tiempo... quizás incluso desde que lo construyeron. Nadie conocía sus espacios. 

Estamos, parada yo y él sobre una especie de malla negra, Saia-"por favor llámame así y no de usted"- con otro colaborador Edgar en un plástico blanco, donde han colocado los cuadros. Me ruedo cuando veo que Lisandro, así se llama el hombre, me hace una seña para que estire la malla. Intento pasarle una tijera pero él ya ha cortado rápidamente. De nuevo falta de visión. Ahora, del futuro. ¿Qué, precisamente, estoy ayudando a hacer? Lisandro me hace otra mueca. Su voz es opacada por los carros que pasan de un lado y otro, el efecto Doppler de unas cuantas ambulancias que han pasado, y las paletas, las gafas para leer de cerca y el bollo de mazorca o limpio que se anuncian. Quiere que- ¿mueva, coja, toque?- uno de los prismas. Le sigo el movimiento y doblamos uno de ellos en el piso. Primer tirón en la espalda. ¡Pero claro que pesan!

Coge uno de los cuadros de la malla y lo estira sobre uno de las caras del panel. Yo lo sostengo. Saca una grapadora y sujeta su extremo en la madera. Gran suspiro. Forramos. ¿Cuántas faltan? Unas 7... Interesante. Saia, Caro que acaba de llegar y Edgar han dispuesto los cuadros sobre el plástico y ahora les colocan sujetadores en los extremos. Levantamos de nuevo el pseudo-estante, mientras imagino cómo se colgaran los cuadros. 

Casi terminamos con este cuando Saia pregunta si le pasa el plástico... (¿En donde ella se apoya?) Él asiente. Coge unas puntillas y los alza en extremos del prisma. Coge un cuadro de plástico-hay varios- y lo sostiene con las puntillas. Lo levantamos en su orden. Ante mi estupefacción, él susurra... para tapar los cuadros en la noche. 

Trato de desenrredar una maraña de cordel negro para variar de oficio. Con él se colgaran los cuadros. Al hacerlo, Saia se acerca para cortar una medida. La prueba haciendo un nudo parecido al que tienen las cuerdas en el puente de la guitarra, y en una de las puntillas de un panel listo, lo monta. "Más alto" digo. Ella asiente. Empezamos a hablar mientras cortamos la medida ajustada. Saia estuvo fuera del país 10 años, y al regresar noto dos cosas: todo le llamaba la atención, todo había cambiado. La exposición es un clamor por los vendedores de la Plaza de la Matuna y la Plazoleta Telecóm que fueron expulsados de la aceras en pro de recuperar el espacio público.  "Personas de 40 años en su trabajo... ¡quién sabe dónde estarán!" 

Quizás yo me queje también por el espacio un día de apuro. Quizás yo también quise que los sacaran. ¿Era ese espacio más mío que ellos? "Su trabajo lo es todo. Hasta deben dormir allí" y señala un cuadro. ¿En que momento asumimos como normal las condiciones que llevan a la formación de negocios informales? Debemos salir más a menudo del país.


Mientras hago los nudos pienso: ¿Y si se caen justo en una punta repentina que atraviesa el suelo y se rompe el lienzo? "Empecemos a colgarlos" 

Lo más cercano a esta experiencia son las convulsiones del cuaderno en mi mano, los rayones que dejan tintas en mi mano. Si pudiera gestar una presentación de uno de mis cuentos... no. Me falta visión. 

Movemos los paneles 4 veces. Pegamos adhesivos en el piso explicando las fotos. En una tarde armamos una exposición. 

"Sabes por qué a la gente le va a gustar la exposición"-le preguntó a Saia-"porque todas las fotos son recuerdos"

Me quedo observando la carretilla de cocos que vende una esquina más arriba de la U. Él es un sobreviviente
La exposición se llama "Se Re-busca"


martes, 28 de enero de 2014

LOS CARNICEROS INVISIBLES

Tuve un amigo imaginario llamado Timmy.  Sus recuerdos son tan borrosos como quizás era mi mundo para esa edad. Para entonces él era el responsable de la lluvia de espaguetis mojados de rojo que caían sobre un piso recién trapeado, de la peligrosa exploración al closet del cuartico viejo y del regaño de mi mamá por mis fuertes gemidos de dolor. La primera vez que me sentí totalmente sola coincidió con la primera vez que escuché una canción de los Beatles. Se llamaba “Eight Days a Week”

Conocí el mundo dinámico de la música, el cine, la televisión y el internet poco tiempo después de su partida. Los colores eran distintos, las realidades otras, pero el vacío que debía haber era inexistente. Aprendí a descargar en una realidad más concreta toda la rebeldía, la esperanza, la alegría y la tristeza que descargaba en el desconocido muñequito al que yo llamaba amigo.  Como si supiera que ese tierno desdoblamiento del ser era el único vestigio de una infancia de asombro me compré unos auricurales, me puse jeans y empecé a leer.

La carnicería es fácil de encontrar. Sus anuncios están por toda la red. Su especialidad: chorizos de estampado, costillas de diseño. Hasta ella van hambrientos de identidad, de estilo. Locos que necesitan expresarse, sentirse expresados. Inteligentes que hacen de una cosa más que una, de un gusto, una refracción. Niños en busca de amigos imaginarios.

La carnicería se encuentra en un punto medio: así como venden presas para grandes empresas y sus festines publicitarios, venden a los del barrio, aquellos que solo necesitan una manilla para recordar la banda que les cambió la vida, un cuaderno tipo punk que energice las tonterías que se escriban adentro, un bolso que combine con todos los días de la semana.


“Una cosa llevo a la otra. Primero comenzamos con los estampados básicos,  y poco a poco fuimos conociendo nuevas técnicas que nos llevaron a hacer diferentes y mejores productos  hasta tener un amplio  catalogo” dice uno de los tres. En sus delantales sus nombres: Álvaro Torres, Juan Buelvas  y Jacque Marin.  Salida de la nada pero con el firme propósito de salir de los gastados y sencillos botones y camisetas, Butcher Cartagena tiene 5 veces la cantidad de amigos que yo tengo en Facebook.

Me paseo entre los comentarios de múltiples fotos de una gama de cosas que ni siquiera venden las tiendas comerciales. Entre las más originales, billeteras totalmente estampadas, cartucheras que se enrollan. Las etiquetas vienen y van, los pedidos, las sugerencias. Lo entiendo. No sólo es estampar un personaje, es hacer de nuevo el personaje. El personaje, los personajes… Una contradicción constante me lleva de Nyan Cat a una foto estampada de Kurt C. fumando.  Como si la clase durará eternamente: “variedad de clientes variedad de temáticas”.

No veo la cara de los carniceros directamente, sólo veo sus presas. A través de la pantalla los imagino. Sus productos hablan por ellos: los productos  en un 100% no son pedidos de los compradores  si no que también exponemos nuestros gustos personales. ¿Desarrapados pero creativos? ¿Oscuros pero graciosos? “Todos los productos los usamos desde el llavero de nuestras casas, nuestras libretas de bocetos, ropa etc.  Lo único que no usamos son las carcasas de iphone por que no tenemos (risas) “


Luego están los plátanos verdes sobre los que reposa una manilla de Tornado Bazurt. Champeta más adelante. Entiendo: sigue a los ingleses, a los coreanos: mantente caliente. “Nuestro nombre de empresa es Butcher Cartagena precisamente nos encanta mirar a Cartagena desde el punto de vista estético y desde lo netamente visual.” ¿Un totebag con carteles del Rey de Rocha? Seguro.

No conozco a estos carnicero-diseña-artistas, pero los visualizó desde los regalos de mugs, las camisetas rockeras, la gorra roja de Ash…  

 

“Inicialmente la marca estaba dirigida a crear prendas de vestir  con un estilo muy definido, digamos más oscuro basados en la estética de los tatuajes  y las películas de terror y gore por eso lo llamamos butcher (carnicero). El proyecto inicio con diseños propios  pero la gente siempre estaba buscando la forma de personalizar nuestros productos y allí nos dimos cuenta de la necesidad de cubrir ese mercado  y diversificar las temáticas de los diseños. La expansión del negocio nos ha llevado a trabajar con grandes empresas  y al final nunca se quedan con las ganas de preguntar, que significa y  porque nos llamamos así.  El final de la conversación es una gran sonrisa.

Gran Sonrisa
Acepto regalos.
(Entrevista Virtual) 





PSEUDO COLUMNA #5: APOLOGÍA A LA FIGURA DE FALCAO (NO A LOS ESNOBS)


¿Qué línea divide lo importante de lo vano? ¿Lo esencial de lo pasajero? ¿Existe una trascendencia general que prime sobre las preocupaciones e intereses particulares? Si tuvieras un noticiero… ¿Cuál fuera tu titular? ¿La muerte de tres personas en un atentado o el Grammy de Carlos Vives? ¿Nos debe afectar más la muerte que lo efímero de un premio vacío?
Me gusta el fútbol: deporte de bárbaros, de idiotas tras un balón, de millonarios que ganan más que bomberos. Me gusta el fútbol: noticia que droga, pasión por la que se mata por camisetas, escondite de pandillas. Me gusta el ocio de dos horas frente a un televisor, el precio de una tira de papel en los estadios. Me gusta violar canciones y convertirlas en barras. Me gusta que me crean muy masculina. Me gusta la soledad del gusto. ¿Por qué? Porque el fútbol, el verdadero fútbol, ese que se vive cuando tu papa se sienta a tu lado para ver un partido, o cuando te reúnes entre viejos compañeros de colegio para ver jugar a la selección, suele sacar lo mejor de las personas.
Me gusta el fútbol: deporte de talento y esfuerzo, de técnica y táctica, de hacedores de sonrisas y tristezas. Me gusta el fútbol: noticia de identidad, pasión que globaliza… Me gusta el fútbol imperioso que se alza frente a los escépticos, y a los intelectuales. Me gusta el fútbol que se burla de “la mente abierta” que al final siempre se cierra cuando los pensamientos no son iguales. Me gusta el fútbol. Me gusta abrazar en los goles. Me gusta la esperanza que me da. Me gusta cómo me arregla mi día. Me gusta cómo me lo daña. Simplemente me gusta.
¿Por qué es relevante al país Falcao? ¿Cuántos millones da a la pobreza? ¿Es más importante que los secuestrados, los abortados, los mutilados? Probablemente no. Cualquier violación a la humanidad es una violación conjunta, repercute en cada sentido de inteligencia, en cada aparato sensorial. Pero, ¿Hablar de Falcao ciega la pobreza, el secuestro, los abortos, la violencia? No. El fútbol, la música, el cine no son droga, vendas, olvido. Son sólo realidad. Nos acostumbramos a entender “Sucesos” y “Economía” como lo importante, como lo real, como lo que debe ser escuchado. La única cara del país es negra. No hay luces, no hay colores.
¿Por qué seguir un deporte me hace menos inteligente? ¿No hay justo medios? ¿No puedo decir que escucho Britney Spears y los Beatles? ¿Qué leo “La Tormenta” de Germán Castro Caycedo y “Los Juegos del Hambre”? ¿Qué así como veo los debates en vivo veo la gala de los Grammys? ¿Qué así como lloro por la violación de una menor, lloré por la lesión de Falcao? Nuestras esperanzas deben estar puestas en la vida: todas sus gamas, todas sus manifestaciones.
No creo en el perfil trascendental del nerd. Creo en el amante del arte, la cultura, el saber y el querer. Creo en el porvenir de una mejor política, en el fin de los abusos humanos, en la perpetuidad de piezas musicales y artísticas invaluables, y que a Colombia, aunque rota por la lesión de Falcao, le va ir bien en el mundial.