
28 DE ABRIL
A menos de 20 días del inicio de la Primera Vuelta, el panorama está claro: la razón por la que estas no serán las elecciones de la salud o la educación es porque más que el destino social del país, están en juego los intereses de una estructura política que tiene en la cúspide al ex-presidente, y ahora congresista, Alvaro Uribe Velez. Las opciones son claras: votar o no votar por Uribe es la pregunta. Este "carácter personal" que ha adoptado la política colombiana en los últimos años no sólo es la base sobre las que reposa el proceso electoral, sino también la causa de que las campañas hayan sido tan pobres, y hayan caído en el reduccionismo de las propagandas publicitarias. No hay debate, no hay claridad en las propuestas, solo una abundancia de expedientes que vinculan a cada candidato con el pasado gobierno de dos períodos. La mano firme del Centro Democrático se sale de la casilla que se le fue asignada y lo toca todo, lo ensucia, lo ciega, lo eclipsa.
Sólo basta ver el oportuno libro que Vicky Davila ha nombrado de forma inteligente para convertirlo en best-sellers a pocas horas de su lanzamiento: "Enemigos", para entender cómo han sido y serán las dinámicas de un concurso político lleno de acusaciones y nexos con el pasado, más que de ideas y proyectos a futuro. Se mezclan en mi mente las iniciativas de cada candidato no sólo porque no están claras, sino porque simplemente no están: o continúa este gobierno o retornamos al anterior. De nuevo, un tarjetón polarizado por las tímidas pero-para todos reconocidas-fuerzas de apoyo o aposición a un libreto uribista. ¿Hasta cuándo sufriremos el legado de un adicto al poder?
Más que aburridas y confusas, estas elecciones se me hacen frustrantes: Si hay algo que aterre más que nuestra actual realidad es esta realidad con Uribe-o alguno de sus emisarios al poder-o bien habrá quienes piensen que lo peor de esta realidad es precisamente la ausencia en las decisiones del mandatario- si es que en verdad está ausente: nos gusté o no será la democracia la que determiné lo que pasará, pero esta vez son más latentes los límites en las opciones y las restricciones para el cambio. ¿La paz? única bandera política que se alza en contra del pasado de falsa seguridad que tanto dañó al país. Lo que en realidad aterra de una derrota uribista es que la paz no se come, ni se lee, ni paga tratamientos médicos, si no hay un contexto social preparado para su llegada.
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