
Tengo la leve impresión de que el nobel había muerto hace varias décadas, pues sólo alguien que cuente con la legitimación del recuerdo que regala la tumba, puede ser tan querido y admirado antes de que, precisamente, esta llegara. Quizás García Márquez murió al mismo tiempo en que la profecía de Melquíades se llevó a Macondo. Quizás murió el día en que vestido de blanco recogió el premio más recordado para el país. Gabo estaba muerto porque él se auto-incluyó en el selecto grupo de la temprana gracias a sus letras, y no sólo las letras sino también su vida, que agujerearon espacios en la memoria de todo un planeta para ingresarse en ella y superarla: Gabo estaba en nuestra conciencia, en nuestros huesos. Nací con el nombre del colombiano tatuado en la frente, y junto a mí miles más, e incluso aquellos que volvieron a nacer por leerlo.
No hay nada de exageración, ni de idolatría, ni de galantería barata. Sólo Gabo hizo que su muerte nos fuera tan conocida, porque ya habíamos visto cada vídeo y leída cada una de sus frases. Seguidor o no de su literatura o de su periodismo, no necesitábamos una muerte corporal para saber que ha sido-y quizás será- el escritor más importante en la historia del país. No necesitábamos evocar la miseria de sus cenizas para reconocer las injusticias con que se le trataron y se le tratan. Dicho o no, todos conocíamos a Gabo, ya sea por lo que nos hizo sentir en la intimidad de la lectura o porque lo que nos hicieron sentir en las múltiples imposiciones académicas. Ni flores, ni parafernalias. La literatura, el arte, la humanidad lo celebró desde siempre. El efímero especial post-vida que colma noticias, y que motivó a esta columna, es solo un desafío más para buscar nuevas formas de agradecer por todo lo que nos dio y nos enseñó.
Si llegaron hasta acá con la esperanza de un demérito para este personaje, lo siento, porque nos gusté o no, Gabo es uno de los pocos que hace explotar el Twitter en su defensa ante comentarios poco inteligentes que lo asocian con el infierno... ¡Pero si ya lo dejo!
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