Para nadie es un secreto que la victoria y posterior reelección de Santos fueron más una derrota al Uribismo que una confirmación a lo hecho por la Alianza Nacional. No hay necesidad de excusarse: la opción era clara y planteada desde el comienzo. A toda costa había que evitar una prolongación, totalmente inconveniente para el país, de un poder podrido por la corrupción, el juego sucio y la violencia. Hay, sin embargo, un aspecto político y social que resaltar de la campaña que llevó al-por poco negativo- resultado: las herramientas de la "alianza nacional" para apoyar a la otra Alianza son las claves para el desarrollo futuro del país en los importantes cuatro años que se nos vienen.
¿Cómo un férreo consenso que apoyaba, y que de hecho le permitió a Zuluaga ganar en la primera vuelta se vio disminuido consustancialmente la última semana antes del 15? Dos factores que se acentuaron en toda la segunda vuelta llevaron a su punto máximo de expresión precisamente en los días más decisivos de la campaña: el pensamiento y la denuncia. El primero representado en la adhesión - de nuevo alianza- de los intelectuales y políticos más importantes en la historia de Colombia a la campaña por la paz. De la mano de Cesar Gaviria, Mockus y Clara Lopez, cuánta popularidad, pero ante todo, cuánta solvencia ganó el proyecto de Estado. Cuánto ayudo también la exposición constante de todos los procesos que persiguen y acusan al jefe-dueño del Centro Democrático, desde el vídeo del hacker hasta el del consejal terminaron de mostrar la realidad política que pretendían imponer en el país. Se levantaron así ante la bulla, la acusación y la pelea, los argumentos y el buen sentido dieron un fuerte contraataque.
Si el miedo a Uribe fue tan poderoso como para considerar su victoria la ruina, el fondo y la perdición; como para sacar lo mejor del arsenal del país en cuanto a ideas y soluciones, ¿no debe ser este mismo guión el que imperé en el futuro? ¿No debe ser el pensamiento crítico el que determine no sólo como acabar la violencia, sino también el hambre, la enfermedad y la injusticia? A punta de pensar y denunciar, el país puede salir victorioso de nuevo ante el fondo de miseria en el que lleva unos años inserto. ¡También hay que reaccionar ante este abismo! Quizás en estas inéditas líneas de acción el gobierno pueda ganar de forma total en el país- porque a la paz hay que construirle escenario- y ante todo a los casi 7 millones de colombianos que aún se decantan por la pelea, la alzada de voz y el atropello como mecanismo de actuar y de ser.
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