

Tuve un amigo imaginario llamado
Timmy. Sus recuerdos son tan borrosos
como quizás era mi mundo para esa edad. Para entonces él era el responsable de
la lluvia de espaguetis mojados de rojo que caían sobre un piso recién trapeado,
de la peligrosa exploración al closet del cuartico viejo y del regaño de mi
mamá por mis fuertes gemidos de dolor. La primera vez que me sentí totalmente
sola coincidió con la primera vez que escuché una canción de los Beatles. Se
llamaba “Eight Days a Week”
Conocí el mundo dinámico de la
música, el cine, la televisión y el internet poco tiempo después de su partida.
Los colores eran distintos, las realidades otras, pero el vacío que debía haber
era inexistente. Aprendí a descargar en una realidad más concreta toda la
rebeldía, la esperanza, la alegría y la tristeza que descargaba en el
desconocido muñequito al que yo llamaba amigo. Como si supiera que ese tierno desdoblamiento
del ser era el único vestigio de una infancia de asombro me compré unos
auricurales, me puse jeans y empecé a leer.
La carnicería es fácil de
encontrar. Sus anuncios están por toda la red. Su especialidad: chorizos de
estampado, costillas de diseño. Hasta ella van hambrientos de identidad, de
estilo. Locos que necesitan expresarse, sentirse expresados. Inteligentes que
hacen de una cosa más que una, de un gusto, una refracción. Niños en busca de
amigos imaginarios.
La carnicería se encuentra en un
punto medio: así como venden presas para grandes empresas y sus festines
publicitarios, venden a los del barrio, aquellos que solo necesitan una manilla
para recordar la banda que les cambió la vida, un cuaderno tipo punk que
energice las tonterías que se escriban adentro, un bolso que combine con todos
los días de la semana.


“Una cosa llevo a la otra. Primero
comenzamos con los estampados básicos, y
poco a poco fuimos conociendo nuevas técnicas que nos llevaron a hacer diferentes
y mejores productos hasta tener un amplio catalogo” dice uno de los tres. En sus
delantales sus nombres: Álvaro Torres, Juan Buelvas y Jacque Marin. Salida de la nada pero con el firme propósito
de salir de los gastados y sencillos botones y camisetas, Butcher Cartagena tiene 5 veces la cantidad de amigos que yo tengo en
Facebook.
Me paseo entre los comentarios de
múltiples fotos de una gama de cosas que ni siquiera venden las tiendas
comerciales. Entre las más originales, billeteras totalmente estampadas,
cartucheras que se enrollan. Las etiquetas vienen y van, los pedidos, las
sugerencias. Lo entiendo. No sólo es estampar un personaje, es hacer de nuevo
el personaje. El personaje, los personajes… Una contradicción constante me
lleva de Nyan Cat a una foto estampada de Kurt C. fumando. Como si la clase durará eternamente: “variedad
de clientes variedad de temáticas”.
No veo la cara de los carniceros
directamente, sólo veo sus presas. A través de la pantalla los imagino. Sus
productos hablan por ellos: los productos en un 100% no son pedidos de los compradores si no que también exponemos nuestros gustos
personales. ¿Desarrapados pero creativos? ¿Oscuros pero graciosos? “Todos los
productos los usamos desde el llavero de nuestras casas, nuestras libretas de
bocetos, ropa etc. Lo único que no
usamos son las carcasas de iphone por que no tenemos (risas) “


Luego están los plátanos verdes
sobre los que reposa una manilla de Tornado
Bazurt. Champeta más adelante. Entiendo: sigue a los ingleses, a los
coreanos: mantente caliente. “Nuestro nombre de empresa es Butcher Cartagena precisamente
nos encanta mirar a Cartagena desde el punto de vista estético y desde lo netamente
visual.” ¿Un totebag con carteles del Rey de Rocha? Seguro.
No conozco a estos carnicero-diseña-artistas,
pero los visualizó desde los regalos de mugs, las camisetas rockeras, la gorra
roja de Ash…

“Inicialmente la marca estaba
dirigida a crear prendas de vestir con
un estilo muy definido, digamos más oscuro basados en la estética de los
tatuajes y las películas de terror y
gore por eso lo llamamos butcher (carnicero). El proyecto inicio con diseños
propios pero la gente siempre estaba
buscando la forma de personalizar nuestros productos y allí nos dimos cuenta de
la necesidad de cubrir ese mercado y
diversificar las temáticas de los diseños. La expansión del negocio nos ha
llevado a trabajar con grandes empresas
y al final nunca se quedan con las ganas de preguntar, que significa
y porque nos llamamos así. El final de la conversación es una gran
sonrisa.
Gran Sonrisa
Acepto regalos.
(Entrevista Virtual)





















