martes, 28 de enero de 2014

LOS CARNICEROS INVISIBLES

Tuve un amigo imaginario llamado Timmy.  Sus recuerdos son tan borrosos como quizás era mi mundo para esa edad. Para entonces él era el responsable de la lluvia de espaguetis mojados de rojo que caían sobre un piso recién trapeado, de la peligrosa exploración al closet del cuartico viejo y del regaño de mi mamá por mis fuertes gemidos de dolor. La primera vez que me sentí totalmente sola coincidió con la primera vez que escuché una canción de los Beatles. Se llamaba “Eight Days a Week”

Conocí el mundo dinámico de la música, el cine, la televisión y el internet poco tiempo después de su partida. Los colores eran distintos, las realidades otras, pero el vacío que debía haber era inexistente. Aprendí a descargar en una realidad más concreta toda la rebeldía, la esperanza, la alegría y la tristeza que descargaba en el desconocido muñequito al que yo llamaba amigo.  Como si supiera que ese tierno desdoblamiento del ser era el único vestigio de una infancia de asombro me compré unos auricurales, me puse jeans y empecé a leer.

La carnicería es fácil de encontrar. Sus anuncios están por toda la red. Su especialidad: chorizos de estampado, costillas de diseño. Hasta ella van hambrientos de identidad, de estilo. Locos que necesitan expresarse, sentirse expresados. Inteligentes que hacen de una cosa más que una, de un gusto, una refracción. Niños en busca de amigos imaginarios.

La carnicería se encuentra en un punto medio: así como venden presas para grandes empresas y sus festines publicitarios, venden a los del barrio, aquellos que solo necesitan una manilla para recordar la banda que les cambió la vida, un cuaderno tipo punk que energice las tonterías que se escriban adentro, un bolso que combine con todos los días de la semana.


“Una cosa llevo a la otra. Primero comenzamos con los estampados básicos,  y poco a poco fuimos conociendo nuevas técnicas que nos llevaron a hacer diferentes y mejores productos  hasta tener un amplio  catalogo” dice uno de los tres. En sus delantales sus nombres: Álvaro Torres, Juan Buelvas  y Jacque Marin.  Salida de la nada pero con el firme propósito de salir de los gastados y sencillos botones y camisetas, Butcher Cartagena tiene 5 veces la cantidad de amigos que yo tengo en Facebook.

Me paseo entre los comentarios de múltiples fotos de una gama de cosas que ni siquiera venden las tiendas comerciales. Entre las más originales, billeteras totalmente estampadas, cartucheras que se enrollan. Las etiquetas vienen y van, los pedidos, las sugerencias. Lo entiendo. No sólo es estampar un personaje, es hacer de nuevo el personaje. El personaje, los personajes… Una contradicción constante me lleva de Nyan Cat a una foto estampada de Kurt C. fumando.  Como si la clase durará eternamente: “variedad de clientes variedad de temáticas”.

No veo la cara de los carniceros directamente, sólo veo sus presas. A través de la pantalla los imagino. Sus productos hablan por ellos: los productos  en un 100% no son pedidos de los compradores  si no que también exponemos nuestros gustos personales. ¿Desarrapados pero creativos? ¿Oscuros pero graciosos? “Todos los productos los usamos desde el llavero de nuestras casas, nuestras libretas de bocetos, ropa etc.  Lo único que no usamos son las carcasas de iphone por que no tenemos (risas) “


Luego están los plátanos verdes sobre los que reposa una manilla de Tornado Bazurt. Champeta más adelante. Entiendo: sigue a los ingleses, a los coreanos: mantente caliente. “Nuestro nombre de empresa es Butcher Cartagena precisamente nos encanta mirar a Cartagena desde el punto de vista estético y desde lo netamente visual.” ¿Un totebag con carteles del Rey de Rocha? Seguro.

No conozco a estos carnicero-diseña-artistas, pero los visualizó desde los regalos de mugs, las camisetas rockeras, la gorra roja de Ash…  

 

“Inicialmente la marca estaba dirigida a crear prendas de vestir  con un estilo muy definido, digamos más oscuro basados en la estética de los tatuajes  y las películas de terror y gore por eso lo llamamos butcher (carnicero). El proyecto inicio con diseños propios  pero la gente siempre estaba buscando la forma de personalizar nuestros productos y allí nos dimos cuenta de la necesidad de cubrir ese mercado  y diversificar las temáticas de los diseños. La expansión del negocio nos ha llevado a trabajar con grandes empresas  y al final nunca se quedan con las ganas de preguntar, que significa y  porque nos llamamos así.  El final de la conversación es una gran sonrisa.

Gran Sonrisa
Acepto regalos.
(Entrevista Virtual) 





PSEUDO COLUMNA #5: APOLOGÍA A LA FIGURA DE FALCAO (NO A LOS ESNOBS)


¿Qué línea divide lo importante de lo vano? ¿Lo esencial de lo pasajero? ¿Existe una trascendencia general que prime sobre las preocupaciones e intereses particulares? Si tuvieras un noticiero… ¿Cuál fuera tu titular? ¿La muerte de tres personas en un atentado o el Grammy de Carlos Vives? ¿Nos debe afectar más la muerte que lo efímero de un premio vacío?
Me gusta el fútbol: deporte de bárbaros, de idiotas tras un balón, de millonarios que ganan más que bomberos. Me gusta el fútbol: noticia que droga, pasión por la que se mata por camisetas, escondite de pandillas. Me gusta el ocio de dos horas frente a un televisor, el precio de una tira de papel en los estadios. Me gusta violar canciones y convertirlas en barras. Me gusta que me crean muy masculina. Me gusta la soledad del gusto. ¿Por qué? Porque el fútbol, el verdadero fútbol, ese que se vive cuando tu papa se sienta a tu lado para ver un partido, o cuando te reúnes entre viejos compañeros de colegio para ver jugar a la selección, suele sacar lo mejor de las personas.
Me gusta el fútbol: deporte de talento y esfuerzo, de técnica y táctica, de hacedores de sonrisas y tristezas. Me gusta el fútbol: noticia de identidad, pasión que globaliza… Me gusta el fútbol imperioso que se alza frente a los escépticos, y a los intelectuales. Me gusta el fútbol que se burla de “la mente abierta” que al final siempre se cierra cuando los pensamientos no son iguales. Me gusta el fútbol. Me gusta abrazar en los goles. Me gusta la esperanza que me da. Me gusta cómo me arregla mi día. Me gusta cómo me lo daña. Simplemente me gusta.
¿Por qué es relevante al país Falcao? ¿Cuántos millones da a la pobreza? ¿Es más importante que los secuestrados, los abortados, los mutilados? Probablemente no. Cualquier violación a la humanidad es una violación conjunta, repercute en cada sentido de inteligencia, en cada aparato sensorial. Pero, ¿Hablar de Falcao ciega la pobreza, el secuestro, los abortos, la violencia? No. El fútbol, la música, el cine no son droga, vendas, olvido. Son sólo realidad. Nos acostumbramos a entender “Sucesos” y “Economía” como lo importante, como lo real, como lo que debe ser escuchado. La única cara del país es negra. No hay luces, no hay colores.
¿Por qué seguir un deporte me hace menos inteligente? ¿No hay justo medios? ¿No puedo decir que escucho Britney Spears y los Beatles? ¿Qué leo “La Tormenta” de Germán Castro Caycedo y “Los Juegos del Hambre”? ¿Qué así como veo los debates en vivo veo la gala de los Grammys? ¿Qué así como lloro por la violación de una menor, lloré por la lesión de Falcao? Nuestras esperanzas deben estar puestas en la vida: todas sus gamas, todas sus manifestaciones.
No creo en el perfil trascendental del nerd. Creo en el amante del arte, la cultura, el saber y el querer. Creo en el porvenir de una mejor política, en el fin de los abusos humanos, en la perpetuidad de piezas musicales y artísticas invaluables, y que a Colombia, aunque rota por la lesión de Falcao, le va ir bien en el mundial.

PSEUDO COLUMNA #4: ¿DÓNDE ESTÁN LOS GRAFITTIS?


Hoy conocí a Pedrito Pereira. Iba en el bus cuando me lo encontré pegado a un poste corroído por el abandono. Llevaba una camiseta azul sobre un fondo azul, y con su sonrisa decía que quería ser mi amigo. Hoy volví a ver a Pedrito Pereira. Esta vez estaba sobre las paredes al lado de una casa también corroída por el abandono. Esta vez también no estaba solo: a su lado estaban otros Pedritos Pereira que con su azul de cielo temprano y con sus sonrisas decían que querían ser mis amigos. Ya no le creo a Pedrito Pereira. La tercera vez que lo vi se alzaba imponentemente sobre otro busto impreso que estaba acompañado de otros bustos impresos iguales, y que también querían ser mis amigos. Entre el empapelamiento de caras, sonrisas, y nombres, yo sólo pude sentir mareo.

No sé que quiere Pedrito Pereira de mi: ¿Acaso quiere coquetear comigo? ¿quiere que lo agregue a mis redes sociales? No. Pedrito Pereira solo quiere ser mi amigo, y está tan desesperado por mi amistad que me persigue. Lo veo en cada cuadra, en cada esquina, en cada espacio disponible. Pedrito no es el único solitario en esta ciudad. Hay toda una pandilla dedicada a rogar a todos los que puedan ver doble, triple, tetra veces que los acompañen. ¿A la casa de ellos? ¿A la nuestra? No lo sabemos. Estos hombrecitos y mujeres sin cuerpo no hablan. No hacen nada. Mirar hacia un futuro en desconcierto. Sonreír como si no tuvieran músculos. Los que sufren de miopía y no pueden ver bien, les costará entender sus verdaderos apellidos, todos dispuestos para el plural, pero igual de abstractos que la cantidad de personas que incluyen: pueblo, mi pueblo, nuestro pueblo, todos.

Lo que esta pandilla no sabe es que ya nosotros tenemos nuestros amigos callejeros. Todos los días saludamos a las paredes manchadas de las calles, a los modelos burlones de las vallas, a los cómicos anuncios de tiendas y establecimientos comerciales, a las rayas sin sentido que conforman a los grafittis. Los han asesinado a todos. Han asesinado a la ausencia, han asesinado al vacío. Los ahogaron con papel, con colores primarios, con mensajes trillados y aburridos. Los carteles han tenido hijos entre sí y se riegan. En el cielo, en el sucio piso, en las canecas públicas, en mis bolsillos, en mi ventana, en los carros. ¿Qué había antes allí? ¿Dónde los llevaran al final? ¿Acaso nunca se irán?

Hoy conocí a Pedrito Pereira, y junto a él, a una decena de candidatos. Su lema es claro: si quiero trabajar por la ciudad, lo primero: voy a hacerla mía.

sábado, 18 de enero de 2014

UN CARRITO CON OLOR AMARGO

-¡Chucho! ¡Chucho!
Entre la avalancha de caminantes que fluyen en varias direcciones, en la acera o en la carretera de una apretada Calle de la Moneda, trato de visualizar a un sombrero que avanza lento pero cada vez mas distante.
-¡Chucho!
Algunos asustados por mi insistencia me ceden el paso. Algunos aburridos de mi insistencia susurran a mis espaldas reproches.
Hago un trote más rápido y lo alcanzo casi al mismo tiempo en que para en la esquina. Me mira atónito de pies a cabeza, sonríe y me dice:
- No soy Chucho, soy su hermano.
Lo veo: No es Chucho. Es una foto de él con un bigote más notorio.
Lo importante es lo que arrastra con él: Coffe Express.
Conté alrededor de 6 grandes termos de acero. En ellos está el secreto de un café diferente. Si me permiten. un café callejero. Todas las clases de café profesional a un precio de barrio.
"Yo soy de Santa Marta, pero él es de Cúcuta. Somos hermanos por papá"
Dame un moca.
En Cúcuta la cafetería donde trabajan decidió lanzar domicilios en la calle, y ellos aprovecharon el negocio para viajar hasta Cartagena, lugar turístico, para ponerlo a funcionar. Probablemente hubiera funcionado en cualquier lugar... "El café es una adicción. ¿Estás segura que no tiene nicotina?"
Mientras bate la leche y la mezcla poco a poco con el café, voy descubriendo la compleja preparación. "En la cafetería el café era hecho por una máquina, pero ¿Qué puede hacer una máquina que no pueda hacer el hombre" En este caso, no hay capuccino, late, espresso, moca, tinto, cafe con leche, que los hermanos no puedan hacer. 
Decora la espuma con chocolate y con una serie de finos movimientos ya ha hecho una flor. "Mi café no tiene nada que envidiarle a Juan Valdez... nosotros tenemos el espacio público." Lo que más me gusta de este carrito es que convive con la gente, que entiende el café como algo no sólo exclusivo de conversaciones literarias, reencuentros afectivos, visitas de extranjeros, acompañamientos de postres. Aqui el grano es para el apurado, el que se antoja, el que se trabaja, el que tiene sueño. Y para estos también hay una bebida de calidad, con una decoración irreverente al momento de entrega: entre carros y motos, entre el ruido de vendedores con ofertas, con la posibilidad de quemar al que pasa cerca.
Pago por el café y dejo atrás al carrito estacionado. Caminando voy dejando impregnando los lugares con una esencia amarga, y sin embargo dulce. Es paradójico mi caminar agitado en los pies pero cuidadoso sobre mis labios. Entre tanto calor y murmullo: yo tomo café. Saboreo el chocolate, me late la lengua. Desafío al sol con otro calor. Desafío la premura con esta delicada calma. Tomo café. Un café delicioso, sin marca, sin nombre. El café de unos hermanos, medio hermanos, que lo pasean en el centro como un regalo que puede darse a cualquiera que lo desee.

miércoles, 15 de enero de 2014

LOS ALKA SETZER COLOMBIANOS


Es patética la forma inmediata en que se olvida la frase que clama por nuestro recuerdo. Parafraseando una de sus muchas formas: “los colombianos no tienen memoria” Debe ocurrir un acontecimiento inesperado, generalmente violento y catastrófico, para que entonces sacudiendo el polvo que el tiempo ha dejado, vislumbremos en nuestro interior que esto o aquello ya pasó, y que posiblemente, seguirá pasando. Es en ese momento cuando algún indignado escribe, pinta, siente: “los colombianos no tienen memoria”, y todos los colombianos, sólo por ese momento, bajan la cabeza y suspiran por su olvido, para luego caer transitoriamente en él. Creo yo que si bien muchos cabemos allí, hay otra frase, que explica la primera, que es muchísimo más penosa que esta y que puede describirnos aún mejor: “los colombianos no tenemos opinión.” Baste ver cómo se organiza y re-organiza nuestra mente ante cualquier forma de constante chismorreo, publicidad popular y principalmente titular de noticiero.

Creo que la atadura más grande que ha creado el conocimiento es eso que llaman “Cultura General”. ¿Qué tal si en vez de saber en qué año terminó la Segunda Guerra Mundial, entendiéramos de una vez por todas que el carro y el alcohol no van de la mano? Es decir, ¿Qué tal si cambiáramos la cultura general por una cultura social? En el vano ánimo de saberlo todo, de conocerlo todo, nos olvidamos de entenderlo todo. ¡Cuánto nos pesa la crucifixión pública del no saber! Entonces flotamos más que entre noticias, entre lo que se dice de ellas, o entre lo que los medios quieren que sepamos de ellas. Corresponde a un Estudio Cultural explicar el porqué del papel estructurante de los medios en la sociedad, pero es de mucha claridad no sólo como ellos nos dicen qué pensar, sino cómo pensarlo, cuándo pensarlo y hasta cuándo pensarlo.
Sufrimos de paranoia por “la gripe porcina” las dos semanas que la enfermedad tuvo ruido. Nos olvidamos del terremoto de Haití porque ya no se menciona nada de la actualidad del aún arruinado país. Nos acostumbraron a ser sumisos de la peor clase, sumisos efervescentes, a la espera por prenderse como los fosforos. ¿Qué pasa si yo no sé cuántos títulos gano Schumacher, si nunca canté una canción de Diomedez, si nunca vi un partido de Cristiano, o lo más latente, si nunca entendí el papel de la Procuraduría? Pasa mucho, quedas tachado en la ignorancia de no tener cultura general, porque todas estas son noticias de gigante envergadura social, o perdón, son noticias de gigante habladuría social. De repente todos somos seguidores de la Formula 1, hacemos parte de “La Fanaticada”, nos vestimos de blanco los fines de semana, y escribimos revolucionariamente con la mano izquierda. 
Sí, somos de la peor clase de sumisos… los que no saben de qué dependen, manipulados sin darse cuenta. Somos de temporadas, de modas, de escándalos. No nos damos la tarea de investigar, de ahondar en el hecho, de entender que incluso el sentido común está manipulado. ¿Pero para qué? Escribamos todos en el Facebook lo mucho que apoyamos a Petro ,aunque lo único que sepamos de él y su gestión es que fue destituido por Ordoñez. Escena típica de Universidad: leamos el diario del Ché, y vamos por la hoz porque somos ahora comunistas.

lunes, 13 de enero de 2014

BOFETADA ARTÍSTICA

Un viejo conocido solía decir en medio de la embriaguez tempranera de los inicios de año, en esas primeras escenas donde aún siguen vigentes las parafernalias energéticas, los requerimientos religiosos, y las esperanzas dietéticas,  que había que aprovechar la acumulación de eventos los primeros meses… luego, y esta vez citó, “nos quedamos en el vacío cultural del resto del año.” Caminando entre cartageneros, no cartageneros, y los quemados no cartageneros que lo intentan ser por quince días, es increíblemente notorio el momento de latente efusividad artística que se desparrama desde el Centro hasta los exteriores de la Muralla. Las pruebas están en los bolsillos vacíos que lloraron después de una tarde en los múltiples centros de artesanías dispuestos en la ciudad, en los ecos que se quedaron impregnados en las guayaberas que disfrutaron del Festival Internacional de Música, en las múltiples veces que se preguntó por la dirección del teatro Reculá del Ovejo, en el calambre que da estar parado atónito ante los cuadros expuestos en diferentes exposiciones, y en las profecías de los ya cercanos Hay Festival, y FICCI 2014. Si la razón corresponde o no a la temporada más alta del turismo, eso es lo de menos, porque el mensaje y el recuerdo de las ferias, exposiciones y shows que se arman conjuntamente por estas fechas, no son más que toda una disposición cultural destinada a tocar las fibras de la conciencia y la voluntad de los cartageneros.

Si lo pensamos bien, todo inicio de año es una manifestación de rebeldía ante el letargo de los meses. Como un fugaz suspiro febrero se convierte en diciembre, los vestidos se quedan atrasados en tallas, las metas deben renovarse, y lo ya conseguido queda retado por los centenares de días que se alzan de nuevo. Creo que esa rebeldía temporal es transmutada a la rebeldía artística. Rebeldía, insolencia, descaro, lo que sea. Porque en medio de muertos tirados en trochas, asesinados en hechos aislados, homicidios que se acumulan en períodos de tiempo absurdos, balazos, robos, y extorsiones, suena un cuarteto de cuerdas, teje la hacedora de una mochila wayuu, pinta un grafiti el artista urbano. Es una cuestión que supera la vaguedad de ese argumento que designa a las razones culturales como un nuevo opio del pueblo. Los colores, los sonidos, las texturas no son la pañoleta que cubre los ojos ante la misma y cruel violencia, ante los mismos y crueles desengaños políticos, ante la misma y cruel condición económica de miseria. Al contrario, son el recordatorio de que en este valle que cubre de sangre y lágrimas que cubren no solo la arena de Cartagena, sino también de todo el país, lo esencial no podrá ser acuchillado, la humanidad no se chantajea, y en un año nuevo de olvidos y rencores, la esperanza de la alegría y la paz aun existe.

El arte nos hace más humanos. Necesitamos vernos en los trabajos ecológicos de artistas, en los años de preparación de músicos, en las finas manchas de los cuadros, y en los diálogos de personajes en tarima para entender que no somos monstruos, que tenemos poros sensibles, que aún no nos han desfigurado. Entonces sí, hay que aprovechar este inicio de año, porque necesitaremos la recarga sensible que nos dan tantos eventos para asumir con entereza el vacío de justicia del resto del año.

jueves, 9 de enero de 2014

MI PUESTO FAVORITO: ARTESANOS (II)

TRES EN UNO


Permítanme segmentar la fotografía: la chaqueta detrás del chico de la camiseta azul, es parte de un negocio. Las pulseras y collares que cuelgan arriba, junto a las que adornan las botellas y la repisa de madera a la izquierda, hacen parte de otro. Y el montón de sombreros atrás, al lado, delante son los hijos de mis modelos : el negocio se llama Big Head. 
Todas las prendas están marcadas con etiquetas de actitud y personalidad radiante, junto al no me importa la locura y un sí me importa el arte ecológico. Todos son amigos, han compartido la experiencia de varias ferias, y entienden sus marcas como complemento: "Quizás tienes el gorro, compras el accesorio y terminas con una chaqueta" dice Alejandro, de nuevo, el chico de azul, creador del proyecto de Big Head. Sin despreciar el estilo roquero de las chaquetas de jean manchadas de distintos colores difuminados. Estoy enamorada de los accesorios basura  de Mazal, y por supuesto los personajes de los gorritos. Ambos están enmarcados dentro del tema más trillado de esta feria: el reciclaje, la conciencia ecológica. Por eso Alejo los describe como hechos a mano y amigables con el ambiente : "Es la manera de crear conciencia, de crear productos que no sean perjudiciales para nadie. Utilizas un material de desperdicio, lo renuevas, le das una nueva vida útil. " Mazal, la marca de los accesorios, me ganaría mil veces en creatividad, si quisiera crear cuentos de un diseñador que recicle. Ella tiene anillos de letras del teclado, de monedas de colección, manillas de cables, collares de checas, de CD pintados, y creo... ¡Oh sí! Eso que cuelga de ahí es un chip. Las más coloridas... los accesorios hechos con llaves, y un tierno pero poderoso-emocionalmente  hablando- barquito de papel hecho con el papel de las chocolatinas. (Imagínenlo)


"A veces la gente no aprecia estos productos porque los relaciona con objetos desechables, con basura. Lo cierto es que este proceso para convertirlos en accesorios es un proceso difícil, complejo. Lo más importante radica en que están hechos de piezas únicas, no los vas a encontrar en cualquier mercado."

Un sombrero de tres ojos empieza a mirarme. Si tuviera un destino especial en el mundo, yo le haría una buena historia, por eso entiendo cuando su creador me dice: " Todos están relacionados con la fantasía ¿no? Todos son dementes, inspirados en la naturaleza. Tenemos una colección basada solamente en animales, preferiblemente algunos en vías de extinción, como por lo menos ese mapache rosado" Con el tenemos , Alejandro incluye a Ricardo, su socio. Se conocieron en Cali. Big Head fue el proyecto de grado en la carrera de Diseño Gráfico de su compañero: "Todo fue exploración, la exploración de técnicas en la costura  unido a la creación de personajes y por supuesto el proyecto universitario de la creación de marcas. Ricardo estudió dirección y producción de radio y televisión, y él aporta en el  concepto creativo de imágenes y publicidad. El sombrero de tres ojos sigue mirándome. Es otro de mis caprichos animistas sobre las cosas, seguramente, pero han mencionado la creación de personajes, una idea que es mucho más que colocarle ojos a los sombreros: " La mayoría de productos tiene cierto impacto en las personas, tienden a estimular emociones... ya sea alegría, ternura, lo sicodélico. Todo depende de la psicología de las personas y cómo ven los sombreros.


Lo confieso no conozco a nadie que haya usado estos sombreritos y empiezo a dudar si yo lo haría, por eso Ricardo menciona que más que moda, Big Head "es cuestión de actitud"... ¿ Cómo usarlo? "Simplemente es un gorro, y si te gusta lo usas, y es para pasarlo bien" ¿Actitud? ¡No¡ Todo es un complot para revelar nuestros más grande secreto: todos tenemos ocultos en nuestra cabeza un animal estrambótico en via de extinción que nos habla y nos dirige como si fueramos nosotros sus sombreros: el proyecto de grado de mapaches rosados y tiburo.... "Son hechos de tela: franela"  Entiendo, entiendo: sólo franela. No es como si en verdad ese gorrito de tres ojos ya lo hubiera visto antes...

EPÍLOGO: He aquí el barquito.... felicidades para quienes acertaron



DE LAS ARTESANÍAS A LOS ARTESANOS

En las múltiples carpas armadas en la Plaza de la Aduana y en las otras múltiples mantas regadas en los andenes frente a la Catedral, me detuve a indagar las historias de los siguientes trabajos; no sólo por ser quizás los stands más populares, sino porque también en ellos las artesanías están impregnadas de características sensoriales y emocionales: dos historias callejeras que han recorrido las principales plazas del país ganando y coleccionando adeptos.

* LA CRISTALOTERAPIA PAISA


Es el lugar indicado para mis pesadillas. Principalmente: Shiva me aterra. Tiene la luna en la cabeza, una serpiente en la mano, es azul y me está saludando; así que en el embeleso que me produce el sonido de cristales que cuelgan a lado y lado de la carpa empiezo a soñar que la divinidad me persigue en un cielo veranero como el nuestro. Como su azul se confunde con el cielo, solamente distingo sus formas por la especie de tridente que lleva en la mano. Me va lanzando esas diminutas formas de colores que vi a lo largo de la mesa. Cada vez que me golpeaban, sufría un golpe energético y terminaba sobre el suelo con pequeñas gotitas rojas y un flujo constante de emociones diversas y contrapuestas en un interior que se agitaba sin descanso, así como tampoco paraba esa lluvia de... "Nosotros estamos hechos de esto: de minerales. Todos los minerales están dentro de nuestro cuerpo, y cada piedra es un mineral en especial, una formación que demora miles y miles de años para desarrollarse y formarse" Me dice el hombre con una camiseta azul que tiene a Shiva como estampado. "Eso que tienes ahí es una amatista: el cuarzo violeta" Despierto lentamente de mi iracundo subconsciente y veo que tengo varias formaciones abstractas en mi mano: el cuarzo violeta, por supuesto, y un citrino o cuarzo amarillo. "Tengo piedras, cristales, minerales, hay de todo un poco" Sí que lo hay: veo ángeles, animales, árboles, y de todas las formas posibles, refinadas o en bruto, distintas piedras. Con la luz del sol que pegaba de frente sobre ellas, destellos subían por mi brazo y por la cara de ese hombre. 

Nació en Medellín y tiene en Envigado el taller,  lugar donde se encarga de hacer los ensambles, las talles y los procesos de joyas y figuras. "Todo es minería legal" Notó en su cara mientras dice esto un atisbo de rabia, lo entiendo después de que dice: "Aquí en Colombia sólo se preocupan por el oro y las esmeraldas, pero por lo menos en Brasil una de las principales industrias es la de las piedras semi-preciosas, al igual que en Argentina, México, Uruguay, India..." Es minería legal pero ignorada. Varias personas se acercan. No dicen nada. Sólo toman la piedra que los ha llamado desde lejos y la observan por un rato. ¿Queremos reflejarnos en ellas o queremos que ella se refleje en nosotros? Sea cual sea la escogida, la contemplación es interrumpida por frases como "Esa sirve para la salud y la prosperidad" "Muy buena para el sistema circulatorio" e incluso "Esa que tienes ahí refracta la energía del sol." Algunos lo miramos incrédulo.

Expuesto con las piedras también está un libro grueso que él te pasa si quieres leer más sobre la piedra que te gusta. Es sólo una pista de la forma en qué ha ejercitado su memoria: "No tengo ningún estudio, pero sí me gusta leer mucho" También comenta lo importante que son las ferias para el intercambio de conocimiento. Por eso colgó a Shiva detrás de él, porque también ha estudiado sobre culturas. miro la tela de reojo. "No soy budista, pero me gusta mucho su cultura por sus ideales de meditación y concentración, y porque sus mensajes a nivel espiritual son muy bonitos" Justo cuando también menciona que el citrino ayuda a la buena digestión, estoy observando dos cristales afilados en lo que parece la terminación de una lanza. "No sé si has escuchado hablar de la medicina bioenergética" La respuesta es afirmativa. Traigo a mi mente las múltiples veces que conocidos y desconocidos me han mirado extraño porque cargo conmigo sprays llamados Armonía o Geovital, parte de mi tratamiento naturista para el control de las "emociones en licuadora" como mencionó una vez la doctora. No es una lanza, es una varita, una mágica. "Son utilizadas por la medicina alternativa. Tienen las 7 chacras. Son hechas en cristal, con metales conductores de energía, puntas. Trabajan acupuntura, alineación de chacras, limpieza de energías y auras. Estas comandan la energía en todo estos procesos"  Las varitas mágicas existen, y son bioenergéticas. Repito: la magia está en la vida.



El brillo. Las piedras son hermosas pero aún... el brillo. "Sí, lo que más he vendido son los cuarzos, pero es que todos deberíamos tener uno. Está comprobado que canaliza toda la energía corporal, la energía estática de los computadores, televisores y ayuda a mantener la vitalidad mental" La organización de la mesa prioriza lo anterior, por eso en medio de pandas, árboles energéticos y pájaros, todos con propiedades,  hay una especie de círculo con los cuarzos más pequeños, y más comunes.

Estás en Cartagena, pensó de seguro, por eso cuando me regala una amatista para que coloque debajo de la almohada me dice, "Antes de usarla puedes lavarla con agua del mar" Para el vendedor y minero, hablando de Cartagena dice "Esto está muy bueno" Es la primera vez que participa en esta feria, pero ya ha vendido en varios centros comerciales. Lo que más le gusta de las ferias es la oportunidad que le ofrece de encontrarse con varios compradores que reafirman el poder de sus productos. Hasta ahora me llevo tres... una piedra azul, un cuarzo violeta que regalaré- por cierto, él mismo los empaca consciente de que es un gran regalo- y el citrino amarillo. De aquí a la otra feria escribiré sobre el acierto de mi compra. Por  ahora es solo confiar en la sanidad de la naturaleza, la belleza del aformismo, y lo deslumbrante de los colores.




martes, 7 de enero de 2014

CARTAGENA DESNUDA LAS MANOS

La feria de artesanías que se encuentra en la ciudad hasta el 12 de enero devela una gama variada de aprovechamiento de materiales:  desde las piedras semi-preciosas y los cristales, pasando por un puesto en donde todo es hecho con papel, y terminando con acetatos moldeados con láser, aquí una serie de fotos que adelantan las entrevistas que he hecho a toda clase de artistas artesanos.

                                                           Pulseras de mostacilla

                                                               Accesorios de bronce

                                                Cadenas de mostacilla tomadas de la mano
                                                Como siempre las mochilas y mochilitas
                                                              Anillos de mostacilla                  
Reciclaje
Aretes de papel

Acetato tallado

ALEX: EL SONIDO CON PIES.

La primera vez que lo oí caminaba hacia la catedral después de haber recorrido la plaza custodiada por un altísimo Don Pedro de Heredia. Todos seguían caminando, y solo unos pocos giraban involuntariamente su cuello para localizarlo. En ese momento no lo vi. Sólo me sentí acogida por la cadeneta de sonidos invisibles que suspiraba un saxofón lejano. Ahora, con los cachetes inflados, un gorrito verde doblado arriba para destapar una piel rojiza y pequeñas gotas de sudor acumuladas en la nariz, se me presenta el autor de esa melodía tempranera. Su nombre: Alex. Nacionalidad: Peruano.
Como si se preparara para una metafórica guerra musical, de su bolso cuelgan al menos una decena de tubos. "Bueno, no todo: la caña es de guadua,  la abrazadera es de lata, y los huecos se hacen con taladro." Fue su padre el que le enseñó a hacer esa certera imitación del saxo que lleva a la boca. Él era músico. No dejo de observar su instrumento. Notoriamente más pequeño que un saxo, su eco atraviesa las murallas, y en especial la estructura de la Torre del Reloj, por la que el Sr Alex siente una especial preferencia. "Si me vas a grabar que salga la Torre, quiero que en el Perú vean que estuve aquí." Escucharlo hablar me recuerda que él es otro caminante.
"No te molestes, es que quiero verme en vídeos, y recordar a Cartagena" me dice cuando filmamos en nuestra tercera locación los solfeos que aprendió a hacer de oído desde Perú, luego en Quito, Ipiales, la frontera con Tulcán para detenerse en Colombia, específicamente: Pasto. En Pasto gozó y aprendió mucho por y con sus fiestas. Fue allí cuando "le dijeron" que tenía que caminar por Colombia. "Me dijeron que aquí nadie decía nada" Subió hacia Cali, luego al eje cafetero. En Bogotá le hablaron de un sitio turístico llamado Cartagena. "Fue la primera vez que monté en avión. Hice un esfuerzo para venir hasta acá." ¿Cartagena para el músico? "Es tan lindo, maravilloso que..." y como si recordase que para estar sentado suda mucho, agrega: "... hace mucho calor". Termina "... pero tiene mar y unas vistas maravillosas" Eso vuelve a decirme cuando hace que nos movamos para que en el fondo salga la vista hacia Bocagrande. Le encanta caminar. Le encanta tocar caminando. Así hace su publicidad.
El Sr Alex genera distintas sensaciones: al comienzo puedes pensar que es otro de los locos acalorados de la ciudad, luego ves que no toca un saxofón, luego que eso que toca esta hecho de un tubo, y confirmas que no sólo es un loco acalorado, sino que también es un artista. Al final, cuando él te ha dejado atrás y ves los demás instrumentos colgados como mercancía, conoces al verdadero hombre: él vive de la música en todos los sentidos. "Desde chiquito, pero mi papá ya está muerto." Sin embargo, la música no sólo es un negocio para él "La música es un arte que a mucha gente le gusta, sea el vallenato, el huayno, el "condor pasa"... esa música de años y años. La gente evoluciona con la música. Sin la música la gente no puede vivir. Ahora hay estas cosas y que el reggaeton, que también cambia a la humanidad, pero la gente sigue escuchando la misma música a la antigua" Me quedo flotando en esa frase, y empiezo a descifrarla recordando los sonidos que de inmediato suenan. La interrupción del saxofón en las calles, es la bofetada cálida de los sonidos puros, desintoxicados de manchas difuminadoras, y la inmediatez de nuestro ahora. "Creo que el reggaeton ya ni se escucha, eso es un ratico nada más" escucho indecisa de tomar sus palabras como deseo, profecía o seguridad.
"Nunca le agarré al internet, por eso no puedo aprender a tocar las otras músicas para los turistas" Tocó entonces la melodía de la Pantera Rosa. "Con el compás y el oído puedo sacar todas. Esta la aprendí en Acapulco" Por la forma en que me mira, noto que está emocionado. Piensa que por fin va a conseguir los recuerdos... cómo si fuera más lo que el se lleva de Cartagena, que lo que él deja del Perú. Empiezo a sentir por él la misma admiración que la de alguien que sabe mucho y reconoce poco, pero hace mucho calor para ser sensible, y ahora estoy en medio de una negociación por uno de los instrumentos. "Cuarenta, mínimo treinta y cinco" afirma varias veces el Sr Alex.
"Cuando quieras te enseño a tocar me dice" y se despide iniciando de nuevo su recorrido musical.
Mientras me entretengo con la melodía que se pierde, esta para de repente, mientras me dice cuando me alcanza: "Cuando subas los vídeos pones mi nombre" ¿Alex ....? "Ese no es mi nombre..."
Lo prometido es deuda:
Edil Abelardo Cabello Lorenzo
Músico, vendedor.
Tel: 988405971-Perú.