martes, 28 de enero de 2014

LOS CARNICEROS INVISIBLES

Tuve un amigo imaginario llamado Timmy.  Sus recuerdos son tan borrosos como quizás era mi mundo para esa edad. Para entonces él era el responsable de la lluvia de espaguetis mojados de rojo que caían sobre un piso recién trapeado, de la peligrosa exploración al closet del cuartico viejo y del regaño de mi mamá por mis fuertes gemidos de dolor. La primera vez que me sentí totalmente sola coincidió con la primera vez que escuché una canción de los Beatles. Se llamaba “Eight Days a Week”

Conocí el mundo dinámico de la música, el cine, la televisión y el internet poco tiempo después de su partida. Los colores eran distintos, las realidades otras, pero el vacío que debía haber era inexistente. Aprendí a descargar en una realidad más concreta toda la rebeldía, la esperanza, la alegría y la tristeza que descargaba en el desconocido muñequito al que yo llamaba amigo.  Como si supiera que ese tierno desdoblamiento del ser era el único vestigio de una infancia de asombro me compré unos auricurales, me puse jeans y empecé a leer.

La carnicería es fácil de encontrar. Sus anuncios están por toda la red. Su especialidad: chorizos de estampado, costillas de diseño. Hasta ella van hambrientos de identidad, de estilo. Locos que necesitan expresarse, sentirse expresados. Inteligentes que hacen de una cosa más que una, de un gusto, una refracción. Niños en busca de amigos imaginarios.

La carnicería se encuentra en un punto medio: así como venden presas para grandes empresas y sus festines publicitarios, venden a los del barrio, aquellos que solo necesitan una manilla para recordar la banda que les cambió la vida, un cuaderno tipo punk que energice las tonterías que se escriban adentro, un bolso que combine con todos los días de la semana.


“Una cosa llevo a la otra. Primero comenzamos con los estampados básicos,  y poco a poco fuimos conociendo nuevas técnicas que nos llevaron a hacer diferentes y mejores productos  hasta tener un amplio  catalogo” dice uno de los tres. En sus delantales sus nombres: Álvaro Torres, Juan Buelvas  y Jacque Marin.  Salida de la nada pero con el firme propósito de salir de los gastados y sencillos botones y camisetas, Butcher Cartagena tiene 5 veces la cantidad de amigos que yo tengo en Facebook.

Me paseo entre los comentarios de múltiples fotos de una gama de cosas que ni siquiera venden las tiendas comerciales. Entre las más originales, billeteras totalmente estampadas, cartucheras que se enrollan. Las etiquetas vienen y van, los pedidos, las sugerencias. Lo entiendo. No sólo es estampar un personaje, es hacer de nuevo el personaje. El personaje, los personajes… Una contradicción constante me lleva de Nyan Cat a una foto estampada de Kurt C. fumando.  Como si la clase durará eternamente: “variedad de clientes variedad de temáticas”.

No veo la cara de los carniceros directamente, sólo veo sus presas. A través de la pantalla los imagino. Sus productos hablan por ellos: los productos  en un 100% no son pedidos de los compradores  si no que también exponemos nuestros gustos personales. ¿Desarrapados pero creativos? ¿Oscuros pero graciosos? “Todos los productos los usamos desde el llavero de nuestras casas, nuestras libretas de bocetos, ropa etc.  Lo único que no usamos son las carcasas de iphone por que no tenemos (risas) “


Luego están los plátanos verdes sobre los que reposa una manilla de Tornado Bazurt. Champeta más adelante. Entiendo: sigue a los ingleses, a los coreanos: mantente caliente. “Nuestro nombre de empresa es Butcher Cartagena precisamente nos encanta mirar a Cartagena desde el punto de vista estético y desde lo netamente visual.” ¿Un totebag con carteles del Rey de Rocha? Seguro.

No conozco a estos carnicero-diseña-artistas, pero los visualizó desde los regalos de mugs, las camisetas rockeras, la gorra roja de Ash…  

 

“Inicialmente la marca estaba dirigida a crear prendas de vestir  con un estilo muy definido, digamos más oscuro basados en la estética de los tatuajes  y las películas de terror y gore por eso lo llamamos butcher (carnicero). El proyecto inicio con diseños propios  pero la gente siempre estaba buscando la forma de personalizar nuestros productos y allí nos dimos cuenta de la necesidad de cubrir ese mercado  y diversificar las temáticas de los diseños. La expansión del negocio nos ha llevado a trabajar con grandes empresas  y al final nunca se quedan con las ganas de preguntar, que significa y  porque nos llamamos así.  El final de la conversación es una gran sonrisa.

Gran Sonrisa
Acepto regalos.
(Entrevista Virtual) 





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