Entre la avalancha de caminantes que fluyen en varias direcciones, en la acera o en la carretera de una apretada Calle de la Moneda, trato de visualizar a un sombrero que avanza lento pero cada vez mas distante.
-¡Chucho!
Algunos asustados por mi insistencia me ceden el paso. Algunos aburridos de mi insistencia susurran a mis espaldas reproches.
Hago un trote más rápido y lo alcanzo casi al mismo tiempo en que para en la esquina. Me mira atónito de pies a cabeza, sonríe y me dice:
- No soy Chucho, soy su hermano.
Lo veo: No es Chucho. Es una foto de él con un bigote más notorio.
Lo importante es lo que arrastra con él: Coffe Express.
Conté alrededor de 6 grandes termos de acero. En ellos está el secreto de un café diferente. Si me permiten. un café callejero. Todas las clases de café profesional a un precio de barrio.
"Yo soy de Santa Marta, pero él es de Cúcuta. Somos hermanos por papá"
Dame un moca.
En Cúcuta la cafetería donde trabajan decidió lanzar domicilios en la calle, y ellos aprovecharon el negocio para viajar hasta Cartagena, lugar turístico, para ponerlo a funcionar. Probablemente hubiera funcionado en cualquier lugar... "El café es una adicción. ¿Estás segura que no tiene nicotina?"
Mientras bate la leche y la mezcla poco a poco con el café, voy descubriendo la compleja preparación. "En la cafetería el café era hecho por una máquina, pero ¿Qué puede hacer una máquina que no pueda hacer el hombre" En este caso, no hay capuccino, late, espresso, moca, tinto, cafe con leche, que los hermanos no puedan hacer.
Decora la espuma con chocolate y con una serie de finos movimientos ya ha hecho una flor. "Mi café no tiene nada que envidiarle a Juan Valdez... nosotros tenemos el espacio público." Lo que más me gusta de este carrito es que convive con la gente, que entiende el café como algo no sólo exclusivo de conversaciones literarias, reencuentros afectivos, visitas de extranjeros, acompañamientos de postres. Aqui el grano es para el apurado, el que se antoja, el que se trabaja, el que tiene sueño. Y para estos también hay una bebida de calidad, con una decoración irreverente al momento de entrega: entre carros y motos, entre el ruido de vendedores con ofertas, con la posibilidad de quemar al que pasa cerca.
Pago por el café y dejo atrás al carrito estacionado. Caminando voy dejando impregnando los lugares con una esencia amarga, y sin embargo dulce. Es paradójico mi caminar agitado en los pies pero cuidadoso sobre mis labios. Entre tanto calor y murmullo: yo tomo café. Saboreo el chocolate, me late la lengua. Desafío al sol con otro calor. Desafío la premura con esta delicada calma. Tomo café. Un café delicioso, sin marca, sin nombre. El café de unos hermanos, medio hermanos, que lo pasean en el centro como un regalo que puede darse a cualquiera que lo desee.

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