Curiosamente, cada sede de la bienal respeta un recorrido. Los múltiples servidores naranjas aparecen de la nada para darle lógicas extraordinarias- e inimaginables- a las obras que vemos. En la Inquisición, hay para la exposición todo una salita. Apenas entras, aparecen varios "cuadros" y sonidos. A mi izquierda una reproducción visual de un mismo cuadro unas veinte veces
- Aunque parezcan iguales, cada segmento es diferente... como la humanidad.
¿Cómo la humanidad?
Un pequeño televisor con las últimas frases de gente condenada a muerte. Aún se estrellan en mi mente la sobriedad que se tiene al morir.
¿La muerte?
Me acerco a tres pantallas que parecen mostrar distintos ángulos de un camino (esa es la palabra: parecer) ¿No hace más nada? Pienso irónicamente? Mientras sigo a una motita de polvo que pasa tranquila por todo el cuadro. ¿Un cuadro? ¿No eran tres? ¿Cuadros? Aparecen y desaparecen entre las pantallas personas y autos que transitan a distancias diferentes de la visual. Mareo de gente. Culmina mi mareo con un cuadro que me da asfixia por su tamaño. Esta inocente idea de que la pintura cabe en los tamaños humildes de una hoja de block. El barco que se hunde, más que hundirse, parece estrellarse contra el marco de madera y querer salir de él. Todo quiere salirse.
¿Puedo entrar? En el patio de la izquierda una reproducción de sonidos: la expulsión de los judios en España en el S XV. Lo más poético que encontré en todas las exposiciones. ¿Puedo entrar? Me avisan que me quede en la madera para no mojarme. Sigo en la misma diáspora medieval. La cortina negra solo pone más suspenso a la obra que se instala en una de las fosas del Palacio. Entro. ¿Por qué entré? Empiezo a sudar el espeso miedo que sentía. El sonido del agua correr y estrellarse. ¿Es real esta agua? ¿Es real está luz de intermitente movimiento? La autora ha arruinado mi día al mostrarme las condiciones de ese doloroso viaje.
Hay mucha más tecnología en el Museo Naval. ¿Quién dice que el arte no puede digitalizarse? Luz que sube y baja cambiando de color, un haz blanco que muestra el polvo que cae en una esquina, documentales para aumentar el dolor de cabeza ¿Quién dice que una historia se cuenta en una sola pantalla? El resto es pura rebeldía. Poner arte donde tu no crees que hay, para producirte la incertidumbre más aguda de todas: ¿Es o no es? Más básico. ¿Qué es?
En la Presentación hay variedad en cuanto a la forma. Diseños arquitectónicos, una presentación olfativa, maquetas con semillas, pequeñas cerámicas. Mucho reciclaje. Paradójico: tecnología y ecología.
Solo para quemar las ganas visité un cuartito que queda diagonal a la Universidad de Cartagena. Era tarde. Sentía que los muchachos me sacaban con la mirada. No tuvieron que presionarme mucho. En mi tarde había sentido confusión, miedo, gracia, indignación, pero en el fondo todo me había provocado gusto. No el gusto que esperaba, era más bien un goce por lo raro, por lo terrible, por caótico. Tirados en el suelo de ese lugar habían papeles bonds con retazos de pintura. "Tirado" es una expresión muy amable para la disposición de una obra que parecía incompleta y dañada. Pensé, en ese momento, que no podía faltar la etiqueta convencional que el arte contemporáneo tenía...
Regresé a casa violada, sacada de mi lugar habitual. No sé si intelectualmente superior, tampoco sé si fue divertido. Lo único que sé y que entiendo es que cualquiera que sea el concepto objetivo de arte contemporáneo, se siente no sólo con los ojos, sino con las manos, la frente, todo el cuerpo, y sólo por eso, por la plenitud que dan los colores y las texturas, repetiría todo el recorrido.
Una ronda para entender







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